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Las Águilas del América decidieron, finalmente y luego de mucha especulación, que la dirección técnica del equipo recayera en Ricardo Antonio Lavolpe, quién hace veinte años se sentara en el banquillo azulcrema con escaso éxito.

La presentación tuvo lugar ante los medios de comunicación el jueves por la noche por lo que, evidentemente, no tuvo tiempo más que para una práctica ligera el viernes y hacer la alineación que enfrentaría a los Pumas el sábado por la noche.

En ese orden de ideas, escapa a mi entendimiento el empecinamiento de algunos porristas con micrófono que afirman que “se notó la mano de Lavolpe”.

Particularmente no observé nada diferente a lo mostrado por el cuadro de Coapa cuando lo dirigía Ignacio Ambriz, tanto en el cuadro inicial, en el parado del equipo y en los cambios. La actitud fue la de siempre, las oportunidades de gol en la misma cantidad que se generaban con Nacho en el timón y una defensa que hace tanta agua que Moisés Muñoz tiene que ser la figura.

América se puso en arriba en el marcador por las desatenciones del cuadro bajo universitario y porque a Francisco Palencia le están dando ataques de entrenador caro, es decir, ya se puso a inventar.

Ya el hecho de reaparecer a Álvaro Alcoba, luego de más de dos meses de inactividad en un juego de esta exigencia, parecía una apuesta elevada pero no conforme con eso, saca al punto de equilibrio del equipo que es el español Abraham González de la contención, (por cierto, jugadorazo), para hacer trabajar ahí a Kevin Escamilla que nunca le encontró el tiempo ni la distancia a los volantes azulcrema. Por ello cuando se acomodaron, ya perdían dos a cero.

Después vimos a un Pumas lleno de deseos, empujando al rival hacia atrás pero con poca claridad en sus ataques. El partido resultó tan emotivo que Universidad pudo igual empatar que llevarse una goliza del “Coloso de Santa Úrsula”.

Volviendo al tema del “bigotón”, se debe reconocer y señalar que no encuentra a su llegada a un equipo dividido, desmotivado o aniquilado futbolísticamente. Con esos números, a Ambriz no lo hubieran cesado en ningún otro equipo de la primera división pero la exigencia en el América es muy alta.

Con esto quiero decir que Ricardo no va a empezar a trabajar de cero y eso para un hombre chambeador y obsesivo como él es una importante ventaja competitiva. También sería bueno no perder de vista que la dirigencia americanista prometió títulos en su centenario y Lavolpe se caracteriza, en su ya dilatada carrera, por no ganar nada.

En fin, estoy convencido que se empezará a notar el trabajo del día con día pero a otro perro con ese hueso de que un entrenador, cualquiera que sea su nombre y palmarés, puede luego de dos trapazos mostrarle al mundo que lo que se mira en la cancha es su mano.

Bajo la lupa
Arturo Brizio Carter
apbcarter_1@hotmail.com