La envidia, pecado capital, es el peor disolvente de los grupos sociales y esto es debido a que el ser humano lo trae de naturaleza. Todos queremos poseer más cosas, dar un mejor modo de vida a nuestra familia, estar más cómodos y cuando a otro le sucede algo que lo eleva ante nuestros ojos, inmediatamente viene la descalificación.

Si yo veo al vecino sacar de su cochera un camionetón rojo, de esos que hasta los ojos arden de cómo brilla, inmediatamente le comento a mi esposa que el guey ha de ser narco.

Hace unos años, una prestigiosa firma de pinturas patrocinó un curso de árbitros para la CONCACAF. Se pretendía capacitar a los silbantes del área, llevando especialistas en entrenamiento deportivo, sicólogos, nutriólogos y jueces retirados de élite para que compartieran sus experiencias con los muchachos.

Comex corría con todos los gastos, incluidos traslados aéreos, hospedaje y alimentación para un centenar de personas. El primer año el congreso se realizó en la Ciudad de México y tuvo como protagonista de la conferencia magistral a Pierluigi Collina, considerado por la FIFA el mejor nazareno de toda la historia, obviamente después de mí.

El segundo año se trasladó a San José, Costa Rica y el conferencista fue Javier Castrilli, reconocido silbante argentino conocido como el “sheriff” y la tercera edición tuvo lugar en Fort Lauderdale, Florida, con la asistencia de quién pitó la final del Mundial de Italia 90, el doctor Edgardo Codesal.

Además de estos magnos eventos, la confederación recibía por permitir usar el spray para pintar la raya de los 9.15 metros una muy buena lana de billetes verdes.

¿El resultado? Los dirigentes se robaron el dinero e impidieron que se siguiera con el esquema de capacitación. Envidia pura.

Ahora, otra banda de delincuentes, ubicada en el cono sur, proponen un cambio en el calendario de la copa Libertadores que impediría la participación de los clubes mexicanos. Sin margen de negociación, parece definitiva la salida de los equipos aztecas de la máxima justa continental a nivel de clubes, lo que sería una verdadera lástima.

Nuestros equipos han adquirido fuerza y fogueo en este evento y han quedado a nada de ganarlo. Hemos visto pasar por nuestras canchas grandes futbolistas y camisetas legendarias y la CONMEBOL se ha embolsado jugosas cantidades por concepto de patrocinios.

El torneo viene a la baja por la descapitalización de talento de los clubes, quienes a más temprana edad se desprenden de sus figuras. Además, la mayoría de los equipos en Sudamérica están en quiebra técnica, por lo que la única explicación para la cerrazón de sus dirigentes y la exclusión de un socio que aporta una buena cantidad de dinero es, simplemente…La envidia.

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