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La madrugada del pasado martes 29 de noviembre fuimos sacudidos por la noticia de un avionazo, accidente que suele ser fatal, en el cual perdieron la vida 71 personas. El hecho, por sí solo, deja lugar a la impotencia y a la consternación pero al saber que en la aeronave viajaba gente de futbol como los integrantes del club brasileño Chapecoense, directivos, cuerpo técnico, periodistas y la tripulación, el dolor se acrecienta y se vuelve compañero inseparable.
Debo reconocer que no tenía ni la más remota idea de la existencia de este equipo cuya sede es la ciudad de Chapecó, municipio de Santa Catarina, al sur de Brasil. El club viajaba lleno de ilusiones a Colombia para disputar  la final de la Copa Sudamericana frente al Atlético Nacional en la ciudad de Medellín y Dios quiso que antes de llegar, la aparente falta de combustible combinada con fallas eléctricas motivaran la caída del pájaro de acero.
La dimensión de la tragedia se vuelve incalculable cuando nos enteramos de cosas como las que a continuación comentaré con usted, amable lector:
Tras eliminar a San Lorenzo de Almagro en semifinales, el director técnico del Chapecoense, Caio Junior, manifestó: “Si muriese hoy, moriría feliz”, dolorosa premonición que se materializó pocos días después.
El jugador Tiago da Rocha se enteró, momentos antes de subir al fatal vuelo, que iba a ser papá. Su esposa le hizo llegar una carta con alguno de sus compañeros.
Otro futbolista, Cleber Santana, escribió a su esposa ya sentado en el avión: “En cuántas vidas viva, en todas te amaré”, haciendo referencia a los 15 años de vida conyugal.
Matheus Sarolli, hijo del entrenador, tuvo el bendito olvido de su pasaporte, lo que le impidió viajar y de esa manera, salvó su vida.
Como en todo este tipo de dramas, hay quién muere sin merecerlo y los que se libran por alguna casualidad, haciendo válido aquel dicho de las abuelas de: “te salvas del rayo pero no de la raya”.
El estadio “Atanasio Girardot” de Medellín abrió sus puertas para rendir homenaje a los caídos y el aforo resultó insuficiente, ya que el público colombiano quería hacerse presente en el póstumo homenaje a los atletas caídos. Excelente gesto.
Seis personas del staff de Fox Sports perdieron la vida en el siniestro. La cadena transmitió en Brasil, como si fuera en vivo, los 90 minutos del partido solo que en silencio, como reconocimiento a sus colegas hoy desaparecidos.
El hueco que deja cada una de estas víctimas jamás podrá ser llenado. Murieron padres, hijos, esposos, hermanos y amigos cuya memoria debemos honrar. El absurdo es tan grande que hasta se pudo evitar si el piloto hubiera recargado combustible en Bogotá, pero eso no alivia el inmenso dolor de esta tragedia. ¡Vivirán en nuestros corazones!

Por: Arturo Brizio Carter / [email protected]