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Tras los magros resultados obtenidos por la delegación mexicana en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro, infinidad de voces aparecen emitiendo calificativos como “fracaso”, “ridículo” y “vergüenza” así como muchos que se erigen en fiscales, figuras acusatorias que en la mayoría de los casos no tienen la menor idea del tema pero se suben al carro del linchamiento público.
La moda es pedir la cabeza de Alfredo Castillo, titular de la CONADE, quién es la cabeza visible de este organismo rector del deporte nacional. Ante aquellos que lo acusan con índice flamígero, asumo su defensa con todas las consecuencias que ello pueda acarrear.
Castillo, desde su llegada al cargo, ha intentado meter en cintura a las federaciones de los distintos deportes ya que estas reciben dinero del erario y luego se niegan a rendir cuentas, a explicar en que se gastan esa lana que al final, la ponemos usted y yo vía el pago de los impuestos. La asignación programática de recursos para viajes, competencias y apoyo a sus atletas es algo que esta caterva de pillos desconoce. A lo más que llegan es a publicar el calendario de competencias pero las estrategias para cumplirlo y el fogueo real a sus deportistas, es algo que les pasa de noche.
Al titular de la comisión del deporte se le cuestiona su pasado político, acusándole de tener un perfil policíaco. Pues déjenme decirles que cuando se puso al frente del deporte a un atleta en retiro, tampoco marchó mejor la cosa y hay casos en que incluso salieron sin cerrar la puerta, ya que podría prensarles la cola.
Lo cierto es que el deporte vende mucho en el discurso político y puede rendir dividendos en las urnas pero a la hora de los apoyos reales, constantes y sonantes, de lengua me como un plato y para botón de muestra, están los recortes presupuestales que en todo nivel de gobierno le pegan primero a la cultura 
y el deporte.
Alfredo ha hecho declaraciones tronantes pero ciertas. Por ejemplo, que lo importante no son las medallas sino tener 25 atletas dentro del top ten en cada especialidad ya que con ello, habría una expectativa real de obtener metales y no una simple esperanza.
¿En qué se ha equivocado? Considero que en el hecho de haber llevado a su pareja uniformada como el resto de la delegación azteca. La corrupción no es solo un acto deshonesto sino tiene mucho de percepción y en este momento, es algo muy sensible para la óptica de todos los mexicanos. 
Tampoco comparto su denuncia de que en la federación internacional de natación hay un “compló” de los jueces contra México. Simplemente fueron derrotados sobre todo en los clavados, deporte de apreciación.
Ahora, deberá prepararse para comparecer a su regreso ante las más diversas instancias para oír sandeces y rendir cuentas. Ahí sí ya no podré defenderlo.

Bajo la lupa
Arturo Brizio Carter
[email protected]