Algo malo está pasando en la fiesta, decía el comentarista y crítico taurino Pepe Alameda, cuando se habla más de chismes que de toros y por supuesto que tenía razón.
Hoy en el deporte se habla más de dopajes como el de María Sharapova, las muy sabidas corruptelas de la FIFA, las broncas de la natación mexicana y el mal momento que atraviesa el arbitraje nacional que de lo que sucede con los atletas y deportistas.
En ese sentido, nos encontramos a media semana con la noticia de que el Guadalajara había decidido terminar la relación contractual con Ángel Reyna, dejándolo en libertad para continuar su carrera en alguna otra parte.
Este futbolista tiene, a decir de los expertos, ese “duende” que solo se da muy de vez en cuando y que debería permitirle sobresalir sin problemas. Desde sus inicios mostró grandes cualidades técnicas, logrando debutar allá por el año 2004 con las Águilas del América.
Sin embargo, al poco tiempo empezó su peregrinar por otros clubes y de ahí pasó al San Luís, Necaxa, volvió a una mejor etapa con los de Coapa logrando incluso el título 
de goleo para luego emigrar 
a Monterrey, Pachuca 
y Veracruz.
En el 2014 se anunció con bombo y platillo su incorporación como refuerzo de Chivas. Se pensaba que el momento de la consagración del talentoso futbolista estaba por llegar, dadas las circunstancias que rodeaban al club y sus indiscutibles facultades.
El tema es que algo falló. Tras un inicio prometedor, vinieron lesiones, se habló de indisciplinas, un choque frontal con el entonces técnico José Manuel de la Torre y la pérdida absoluta de la titularidad que le costó incluso ser relegado al equipo de tercera división.
Se propala en los medios que “Ángel ha roto el silencio” luego de conceder varias entrevistas tras su salida del rebaño. En mi opinión, no se ha dicho nada nuevo o que permita desentrañar la personalidad de este muchacho a quién se ha encasillado como conflictivo.
Vi con interés la que le hizo mi compañero Francisco Javier González y me dejó con apetito. Hubiera querido saber algo más que simples dimes y diretes entre un futbolista y su entrenador; no sé, algo sustancial que me indicara que hay debajo de la piel de Angelito pero no lo hubo. Su explicación a no ser capaz de hacer huesos viejos en ninguna institución fue que él siempre va de frente y dice las cosas directamente y sin tapujos. Caray, pues esa es una virtud siempre y cuando también te dejes crecer las orejas para escuchar.
Particularmente lo he tratado un par de ocasiones y me ha producido una magnífica impresión; sé también que dirigentes como Fidel Kuri y Jorge Vergara lo estiman de verdad por lo que seguramente se trata de un buen ser humano. Desearle lo mejor y solo recordarle que ir de frente sin humildad, se llama necedad.

Por: Arturo Brizio Carter / [email protected]

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