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Mi familia tenía un amigo que se dedicó con éxito a la arquitectura. Lo conocíamos como Pipo Mota y diseñaba caserones para la gente pudiente de la capital de la República, allá por los años 60 del siglo pasado. Era según recuerdo un buen conversador, de voz plácida y hablar pausado. Una anécdota que viene a mi memoria es que Pipo narraba la historia de un hombre que tenía un sueño recurrente.
El tipo cada noche se veía frente a un ascensor colmado de personas. En aquellos tiempos todavía los elevadores eran operados por un empleado, generalmente varón, quién regulaba el tráfico al interior procurando no exceder el número de gente ni el peso establecido. El caso es que el elevadorista le decía, con voz grave que delataba un ominoso presagio: “Hay lugar para uno más”.
Pasaron los años y un buen día el cuate del sueño esperaba efectivamente el ascensor para bajar del piso 20 de un edificio. Se abrió la puerta, vio que venía lleno y escuchó al operario decir: “Hay lugar para uno más”. Presa de la sorpresa y el pánico, nuestro hombre retrocedió y dejó ir el elevador. Un par de minutos después se oyó un estruendo. El cable que detenía el aparato reventó y cayó al vacío matando a todos los ocupantes.
Independientemente de la veracidad del relato, lo que viene al caso es que para la Liguilla del futbol mexicano, como en lo narrado por Pipo, hay lugar para uno más.
Lo que ya no se puede modificar es que el Monterrey, con una gran temporada, tendrá el dudoso honor de terminar como súper líder. ¿Presupone esto una maldición? Creo que no, pero la igualdad de circunstancias en que arranca laFiesta Grande ha hecho tropezar a varios gigantes.
El resto todavía puede presentar variaciones, por ejemplo, si se combinaran una derrota del América ante Pumas y Pachuca, León y Santos ganaran sus respectivos compromisos, las Águilas podrían desbarrancarse hasta la quinta posición, con la desventaja que implica cerrar como visitante.
Las Chivas se han metido por méritos propios y no serán un hueso nada facilito de roer, tomando en cuenta que nada tiene que perder un equipo diseñado en principio para salvarse del descenso.
Monarcas, de la mano de Enrique Meza, me parece salvó la temporada pero no lo veo como candidato más que para ver por tele el resto de la liguilla, una vez eliminado.
El boleto que queda se lo disputarán, en duelo directo, Cruz Azul y Tigres. Si por ahí empatan, le dejarían un hálito de vida a Pumas, siempre y cuando sean capaces de doblar al “Ame”, lo que se mira un tanto cuanto difícil.
“Hay lugar para uno más”, dice el elevadorista. Allá ellos si le hacen caso a los presagios o asumen el reto de estar en esa fase final que promete ser espectacular.

Bajo la lupa
Arturo Brizio Carter

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