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A los partidos que juega la selección nacional de futbol en Estados Unidos, con etiqueta de amistosos o pomposamente llamados “juegos de preparación”, el ínclito estratega de los Tigres, Ricardo Ferretti, los bautizó como “juegos moleros”.


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Para aquellos que no están muy enterados de la jerga futbolística, debo contarles que existe una tradición, sobre todo en poblados del interior de la república, donde se invita a un equipo vecino a jugar y terminada la contienda, se prepara un mole para los invitados y el público presente. Son muchas las ocasiones en que el cuadro visitante incluso se deja ganar para no molestar a sus anfitriones, asegurando el ágape y si el equipo local perdió, ya habrá tiempo para que en la tarde, al calor de las chelas y el pulque, se les pueda dar una buena madriza a modo de despedida, con el valor entendido que ya habrá tiempo para la revancha.

Los expertos dicen que todos los encuentros le sirven al tricolor y a su técnico, Juan Carlos Osorio para sacar conclusiones y ver qué jugadores le serán útiles para integrar la selección para las competencias serias. Yo, sinceramente creo que un equipo tan débil como Islandia no ayuda en nada al proceso y por el contrario, exhibe las carencias de una alineación que no le mete gol ni al arcoíris.

El equipo nórdico fue la sensación en la pasada Eurocopa de naciones donde logró calificar a la siguiente fase; ahí echó del certamen a Inglaterra para caer luego ante Francia. De ese cuadro, ningún jugador asistió a Las Vegas para enfrentar a México.

O sea que se jugó ante los suplentes y solo se les ganó 1-0, en un partido de lo más tedioso y aburrido.

En la opinión de este servidor, el señor Osorio sigue manoseando jugadores, abaratando la casaca verde y engañando con su verso ya que para la eliminatoria, la Copa Confederaciones y eventualmente el Mundial, jugarán los mismos de siempre, por la simple y sencilla razón de que no tenemos más.

Ya sé que la respuesta será que para el verano, se tienen que armar dos selecciones, una para Rusia y otra para la Copa Oro pero ni así dan las cuentas de un entrenador que para esas fechas ya habrá probado a una centena de jugadores.

La selección no es un club, donde se pueda entrenar seguido y dar tiempo al acoplamiento por ello, debe de aprovecharse el escaso tiempo de reunión y procurar que esos partidos “moleros”, sean efectivamente una práctica para los titulares, adicionados por supuesto por algún novato interesante.

Al llamar futbolistas que ni en sus equipos juegan, con el pretexto de “observarlos”, el técnico colombiano pierde un tiempo maravilloso para poner a punto a ese producto maravilloso y comercialmente generoso llamado selección mexicana.

El partido ante Islandia ni a molero llegó. Apenas alcanzó para unos tacos y…Faltó la tortilla.


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