Las Águilas del América, gracias a la extraordinaria planeación de algún descerebrado que trabaja en la FEMEXFUT elaborando el calendario de juegos, se verán las caras en dos jornadas consecutivas ante sus acérrimos rivales, Chivas y Cruz Azul. Solo faltó que le pusieran a Pumas la semana entrante para formar tercia de ases.

Pero bueno, estamos en puerta de una edición más del llamado “clásico joven” del balompié nacional. Este sobrenombre se lo puso un talentoso chaval que narraba los partidos en Televisa allá por los años 70, creando un estilo estridente y con un ritmo sostenido que la verdad, hacía emocionar hasta al más frío. Su nombre, Gerardo Peña y donde quiera que se encuentre le quiero mandar un afectuoso abrazo lleno de admiración y respeto.

Por supuesto que no faltan los “amarguetas” de siempre que le quieren escatimar el título de “clásico” a este América vs Cruz Azul pero contra la historia no se puede luchar. Además, es el público y su pasión la que le otorga este certificado de autenticidad a un partido de futbol.

La rivalidad entre estas dos instituciones es añeja, pese a que la franquicia celeste es mucho más joven que la azulcrema. El odio deportivo nació a principios de los años 70 cuando estos clubes llegaron a la gran final del campeonato mexicano.

América era el campeón defensor en el recién estrenado sistema de grupos, antecedente directo de la liguilla como hoy la conocemos y Cruz Azul había tenido una gran temporada con un plantel plagado de estrellas.

A la cancha saltaron, un soleado domingo de mayo, dos poderosos contingentes con futbolistas extraordinarios. Me faltaría espacio solo para nombrarlos pero pondré a tres de cada lado para ser parejo. Por el cuadro de Coapa estaba el gran defensa central Guillermo “campeón” Hernández, en la media Carlos Reinoso y adelante el goleador Enrique Borja. Del lado celeste cubría el arco el “gato” Miguel Marín, la defensa era capitaneada por el elegante Alberto Quintano y la pradera derecha se deleitaba con las geniales pinceladas de Fernando Bustos.

Para dirigir el encuentro se designó al mejor silbante del mundo en aquellos ayeres, el querido profesor Arturo Yamasaki y en las bandas lo acompañaron el teniente coronel Mario Rubio y don Arturo Brizio Ponce de León, mi padre.

Como era una costumbre, Eduardo mi hermano y el que esto escribe fuimos introducidos al estadio en la cajuela del auto de nuestro papá y ya en el estacionamiento, nos abría y a todo correr nos trepábamos a las tribunas del “Coloso de Santa Úrsula”.

Ese día, la “máquina celeste” lució como tal y masacró al América al son de 4 goles a 1. En todos estos años ha pasado de todo, han jugado finales y partidos inolvidables por lo que indudablemente se trata de…Un clásico.

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