Pues mis queridos amigos, ha quedado definida la gran final de la Euro 2016 y para beneplácito de los organizadores, el anfitrión ha llegado a la disputa del trofeo que lo podría acreditar como monarca continental. Enfrente tendrá a un cuadro con grandes solistas, pero que no parece terminar de cuajar como equipo, por supuesto que hablo de Portugal.
Los lusitanos vencieron con relativa facilidad al sorprendente cuadro de Gales que se fue con la frente bien en alto. Los galos, en un partido bien interesante desde el punto de vista táctico, doblegaron al indómito cuadro germano y de esa manera, inundaron de felicidad a todo un país agobiado por las huelgas y victimizado por el flagelo del terrorismo.
En el juego semifinal que involucró a galeses y lusos, apareció en el momento justo la mejor versión de Cristiano Ronaldo. Con un remate de cabeza donde logró suspenderse en el aire, el ariete que vio la primera luz en Madeiras, Portugal, rubricó una estampa futbolera y ratificó que se trata de un extra serie.
En la llave de Francia y Alemania, considero que Didier Deschamps le pegó un baño, desde el punto de vista táctico, al “comemocos” Joachim Low. Si bien es cierto los teutones dominaron toda la primera mitad, “les bleus” contragolpeaban con gran peligro, hasta que una absurda mano de Bastian Schweinsteiger abrió el portón para la ventaja de los locales.
Luego, una serie de errores de la zaga, culminados con un rechace al centro del guardameta Manuel Neuer, fueron aprovechados por el jugador de mi querido Atlético de Madrid, Antoine Griezmann, para que de esa manera quedara sentenciado el encuentro.
Por supuesto que fieles a su estilo, los alemanes jamás dejaron de atacar y hasta el último aliento pelearon con gallardía.
En ambos juegos quedó de manifiesto que los jueces europeos no son mejores ni peores que los mexicanos. La gran diferencia es el nivel disciplinario de los jugadores. Usted no ha visto en la Eurocopa fingir faltas, provocar al adversario, perder tiempo deliberadamente, protestar airadamente al árbitro y mucho menos escupitajos, piquetes en salva sea la parte y mordidas, que parecen ser patrimonio de este lado del charco.
No le resto mérito alguno a la sobriedad de Jonas Eriksson, colegiado sueco que al igual que los Brizio, es árbitro por hobbie ya que es millonario, en el juego de Portugal ante Gales. Tampoco al extraordinario trabajo en equipo de la tripleta encabezada por Nicola Rizzoli, italiano que ya pitó una final de copa del mundo y que entregó excelentes cuentas en el Francia contra Alemania. Simplemente pedir comprensión a nuestros nazarenos que se enfrentan a una caja de trucos, como de mago, en cada partido que les toca dirigir.
Por todo ello, me permito afirmar que arbitrar en Europa…Es muy fácil.