compartir en:

Luego de presenciar el partido entre las Selecciones Nacionales de Canadá y México, se tiene por fuerza que concluir que el arbitraje de la CONCACAF presenta una severa crisis de talento y valores. Los árbitros de siempre se volvieron comodinos y los novatos tienen una carencia de instrucción que daría risa sino fuera un asunto tan serio.
Lo peor es que en las propias federaciones que integran el área hay un gran desinterés por el tema. Uno entendería el problema porque de los más de 40 países que integran la confederación, un alto porcentaje no tiene Liga profesional y por ende, el nivel de los nazarenos es paupérrimo pero aquellas naciones realmente futboleras, entre ellas nuestro país, tendrían que demandar una renovación total y un alto nivel de capacitación.
Imagine usted lo que vale en contratos y en piernas la Selección Nacional de México. Se trata de un equipo lleno de talento y con estrellas en ciernes apenas rebasados los veinte años y resulta que en un partido eliminatorio, los dejan a merced de jueces como Kimbell Ward, allá en Vancouver o del cubano Yadel Martínez, quién dirigirá hoy en la noche en el Azteca que no saben distinguir una barrida al balón de un hachazo criminal.
El desbarajuste está desde la cabeza. Con todos los problemas de corrupción del más alto organismo rector del futbol mundial, la FIFA, los altos mando han ido cayendo uno a uno. En nuestra área fue destituido Jack Warner de Trinidad y Tobago y su compinche Chuck Blazer quienes integraban una pareja de facinerosos que harían palidecer a cualquier gánster de película. Vino Jeffrey Webb y resultó la misma gata nomás que revolcada. No están presos de milagro.
Con la presidencia acéfala, la confederación está siendo manejada por un secretario general interino, Ted Howard, a quien tengo el gusto de conocer y sé que es un tipo decente y bien intencionado, pero con escaso margen de maniobra. En su momento trajo a Sonia Denoncourt, canadiense, a dirigir el arbitraje pero fue despedida con malas maneras, culpándola quizá de la pésima Copa Oro que tuvieron los silbantes designados.
Ahora toma las riendas un hombre que ya ha estado vinculado al tema en el ramo de la instrucción. Su nombre es Brian Hall y fue mi compañero en varios torneos, dirigiendo en la Copa del Mundo Corea-Japón en el 2002. Conoce la problemática pero el chiste es que lo dejen trabajar y lo más importante, que se ciña a un programa en cuya elaboración tienen que involucrarse los “grandotes” cuyas Selecciones estarán en el Hexagonal final rumbo a Rusia 2018.
Los mejores árbitros indudablemente siguen siendo los mexicanos, pero eso no debe significar ningún consuelo por varias razones: La primera es que ellos no le pueden dirigir al cuadro Tricolor. La segunda es que de alto nivel quizá solo sean tres o cuatro y, finalmente, porque son muchos los partidos que faltan y demasiado lo que está en juego en este par de años venideros, llenos de intensidad futbolera. En tierra de ciegos, el tuerto es rey.