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Mientras en América se daba cerrojazo a la Copa, Europa mira con asombro los resultados de su torneo ya en la fase de octavos de final. En Los Estados Unidos la selección de Chile logró el bicampeonato mientras que en el viejo continente el monarca no pudo refrendar el título. La “roja” ibérica se quedó en el camino mientras la otra “roja”, la sudamericana, levantaba con todo merecimiento el trofeo de campeón.
Si bien es cierto que los marcadores en la “Euro” han sido más bien ajustados, el nivel de juego es muy alto. Vemos normalmente el “fair play” en su máxima expresión, la pelota sale muy poco del campo y a los jugadores no les da por fingir faltas, hacerse los lesionados o perder tiempo en cualquiera otra de sus formas. En suma, existe un gran respeto por el espíritu del juego y por ende, del espectador.
Italia volvió a hacer de las suyas. Tras un inicio incierto, se fortalece y juega cada vez mejor. Eliminó a la “furia roja” en un partido vibrante, jugado a gran velocidad y donde solo un lance de milagrería de ese portento deportivo y físico que es Gianluigi Buffon a solo un minuto de terminar el tiempo reglamentario, evitó que el juego se fuera al alargue. Luego, con los ibéricos lanzados desaforadamente al ataque, les clavaron la segunda puñalada que era, esa sí, mortal de necesidad.
Se aplica el viejo dicho de “el rey a muerto…” y ahora a esperar por quién diremos “¡viva el rey!”.
En la otra llave se ha producido lo que se puede llamar el máximo milagro en este tipo de torneos: Islandia, ese pequeño país enclavado hasta el mero norte de Europa, que cuenta con una liga semiprofesional, donde por cuestiones del clima se puede jugar en exteriores solo la mitad del año y cuyos habitantes suman arribita de los 300 mil, ha dado cuenta de los orgullosos ingleses, echándolos de manera ignominiosa del torneo.
Un equipo orgulloso, sin complejos, parejito, preparado a tope en lo físico pero también en lo mental, con una moral por los cielos y un futbol práctico que les permite atacar con solvencia y defender de manera práctica y efectiva.
Lo más sorprendente es que tuvieron que venir de atrás cuando por la vía del penal, el “equipo de la rosa” se había adelantado en el score. Pero no se volvieron locos, jugaron a lo que saben y les dieron una sopa de su propio chocolate a los británicos en el juego aéreo.
Los representantes de la poderosa liga Premier han tenido su propio “Brexit”, saliendo de la Europa continental a oscuras y con sigilo.
Esto se pone bueno. Los anfitriones esperan al sorprendente cuadro nórdico mientras el próximo sábado Italia se medirá a Alemania en un encuentro que sin duda, resultará sensacional.
¡Bendito Dios porque el futbol nunca termina!

Bajo la lupa
Arturo Brizio Carter
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