De los recuerdos más gratos de mi infancia están, sin duda, los relacionados a la Semana Santa. Esos días de asueto generalizados, donde todos sin excepción podían vacacionar y que generalmente, unían a las familias en pos de un destino común.
Nosotros íbamos a la casa de mis abuelitos en Tequesquitengo, hermoso lago situado en el estado de Morelos, donde se obraban portentos con el espacio para que todos cupiéramos, las mujeres de la familia realizaban a diario el milagro de la multiplicación de los panes y mi abuelo procedía a convertir el agua en vino, ya que los asistentes, mi padre incluidos, chupaban más que orilla de playa y no tenían llenadera.
Eran los tiempos de la inocencia y el descaro, cuando la primavera entraba oficialmente el 21 de marzo y no un día antes como ahora, creíamos las “versiones oficiales”, rezábamos el viernes santo y Plutón todavía era considerado el noveno planeta del sistema solar.
En el plano deportivo, esta semana santa traerá una suspensión del campeonato de futbol para dar paso a una fecha FIFA. En ella, el cuadro Tricolor enfrentará por partida doble a Canadá, primero allá en Vancouver y luego los recibirá en el estadio Azteca en lo que se espera como la confirmación de la superioridad azteca en el área donde nos tocó vivir y competir.
Juan Carlos Osorio ha traído casi todo el arsenal proveniente de Europa para enfrentar a los representantes del país de la hoja de maple. Sinceramente, me parece mucho lujo ya que los canadienses integran un equipo débil, producto de un futbol que ni Liga profesional tiene y que, en buen castellano, con dos cachetadas tienen.
En el inicio de la semana mayor nos encontramos con que los llamados “4 grandes” del futbol mexicano ganaron en la misma jornada. Hay que remontarse hasta hace cuatro años para que algo similar sucediera, demostrando lo sobrevaluado que está ese término.
Quizá podamos concordar en que América, Cruz Azul, Guadalajara y Pumas sean los cuadros con mayor poder de convocatoria pero de ahí a que sean los “grandes”, creo que media un océano de distancia.
De esas victorias, habría que destacar la del chiverío en Monterrey. Mire usted que pegarle tamaña zarandeada al líder de la competencia y en su propio feudo no es cosa que se mire todos los días. Inyección anímica y que deja el escenario para que, una vez que se reanude el torneo, enfrenten como locales a unos Pumas que tienen siglos sin ganarles allá en la “perla tapatía”. En un descuido, andan hasta calificando.
En otra intervención del poder divino en estas fechas, el piloto español Fernando Alonso salvó la vida luego de un espeluznante choque en el que su McLaren resultó totalmente deshecho. Declaró que gastó una de las vidas que le quedan. Ora sí que a rezar a Chalma, mi´jito, como dijera mi abuela.

Bajo la lupa
Arturo Brizio Carter.

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