Luego de la espectacular voltereta a la que fueron sometidos los integrantes de la “máquina celeste”, apenas el sábado pasado, a manos de un acérrimo rival como lo es el América, las redes sociales se vieron inundadas de toda clase de calificativos, epítetos, memes y rimas burlonas pero lo más significativo es que el ingenio popular acaba de acuñar un nuevo verbo: Cruzazulear.

El subcampeón por excelencia le volvió a jugar una mala pasada a sus seguidores. Luego de 25 minutos de ensueño, donde bailaron a las Águilas, les metieron tres goles y no se veía ni por donde les pudieran hacer daño, se fueron al descanso y en la segunda mitad les voltearon la tortilla, infligiéndoles una de las derrotas más dolorosas en la historia de la franquicia cementera.

Cruzazulear es un verbo que tiene muy variadas connotaciones pero ninguna positiva. Se refiere a regarla, equivocarse, dejar ir un triunfo que parecía seguro, en fin, todo aquello que pueda asemejarse al famoso dicho de que “del plato a la boca, se
cae la sopa”.

Todo esto movería a risa si no fuera tan serio. Cruz Azul pierde el partido fruto por supuesto de la bravía reacción americanista pero mucho más porque los fantasmas y las telarañas mentales aparecieron cuando expulsaron a Aldo Leao y el “cepillo” Oribe Peralta marcó el primer gol.

Las alarmas sonaron y no hubo nadie que las atendiera. Tomás Boy solo acertó a hacer cambios que resultaron inoperantes, los líderes no aparecieron, el pánico a otro ridículo se apoderó del plantel y para colmo, faltaron los huevitos necesarios que deben hacer su aparición en situaciones límite.

Ante ese escenario, la mentalidad ganadora y ese producto de gallina que del otro lado faltó, impulsó a los azulcrema a intentar una hazaña que con cada gol parecía más cercana.

Otro efecto de esta edición del “clásico joven” fue la facilidad con que la gente pide la cabeza de un entrenador. En el descanso, era un hecho el cese de Ignacio Ambriz e incluso hubo quienes fueron más allá exigiendo la salida de Ricardo Peláez. Al finalizar el cotejo, el que está en la picota es Tomás Boy y una buena parte de la feligresía celeste clama por que lo quemen con leña verde, lo pique un panal de abejas y se enferme del más malo de los males. ¿Así o más bipolares?

Lo cierto es que la inercia mediocre del azul viene con Tomás desde la temporada pasada, cuando cayó en un bache que le impidió siquiera calificar. Los focos rojos se prendieron, además, cuando se vieron a solo 10 puntos del colero Monarcas en la tabla del descenso.

La cosecha en este torneo es de a punto por jornada, francamente raquítica para el monto de la inversión, los salarios que devengan sus integrantes y la grandeza de la institución.

Ahora sí nomás falta que el neologismo “cruzazulear” se volviera sinónimo de descender.

Bajo la lupa
Arturo Brizio Carter

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