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El torneo de copa del futbol mexicano ha mejorado en cuanto a organización y nivel futbolístico aunque creo que sigue siendo una mala copia de las que se juegan en Europa, cobijadas por una gran tradición.

En esta temporada, luego de la eliminatoria de rigor, llegaron a las semifinales cuatro equipos de Primera División, lo que no es nada raro. Lo bueno fue que se presentaron dos buenos agarrones, uno entre Querétaro y el Toluca y el otro, nada menos que con el Clásico de Clásicos, en esta ocasión jugado en el Azteca entre América y Guadalajara.

Ya es historia añeja pero en medio de la polémica y las tronantes declaraciones de Ricardo Antonio Lavolpe en el sentido de que había sido un robo el arbitraje en ese partido, los de Coapa se quedaron sin la primera de las tres medallas que han prometido en su centenario y se tuvieron que conformar con mirar la final por televisión.

Del otro lado, los Gallos Blancos dieron cuenta del Toluca y de esa manera quedaba todo listo para que el estadio “Corregidora”, siempre vituperado y maldecido, albergara una final inédita y que podría resultar histórica.

Los rojiblancos del “pelado” Matías Almeyda saltaron a la cancha como francos favoritos y todo indicaba que el festejo para el generoso público queretano que abarrotó el inmueble, tendría que esperar para mejor ocasión.

Pero del otro lado estaba Víctor Manuel Vucetich y su largo colmillo. El llamado “rey Midas” planteó un partido inteligente, sabedor de que no podía jugar a las carreras contra el rápido y ágil rival, quitándole la pelota y dominando algunos lapsos del cotejo.

Pero por supuesto que no le pegó a un manco y las chivas propusieron, fieles a su estilo, un partido abierto y vistoso, con frecuentes llegadas por los extremos y disparos de larga distancia.

Pero entonces emergió en toda su grandeza la figura de la gran final. El arquero brasileño Thiago Volpi detuvo, desvío, achicó toda la metralla que le mandaron y al bajar la cortina, forzó la llegada de los penales y toda su cauda de emoción.

Gallos se había quedado en inferioridad numérica por la absurda acción de Andrés Rentería quién recién ingresado al campo, le pegó un artero cabezazo a Ponce que incluso le cortó en la frente, sin embargo, con gallardía y un despliegue físico impresionante, los queretanos lograron llegar a la otra orilla.

Y otra vez la figura fue Volpi. No solo detuvo penales sino que además, con gran personalidad, cobró uno que se introdujo dramáticamente luego de pegar en el larguero. A esas alturas, ya era su fiesta y todo el estadio coreaba su nombre.

El festejo fue apoteósico y ha quedado atrás la “maldición” del estadio Corregidora. Vucetich sigue sumando trofeos y finalmente…Cantó el gallo.

Bajo la lupa
Arturo Brizio Carter
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