El flagelo de la violencia en los espectáculos públicos tocó ahora la puerta de un juego de futbol profesional. El escenario fue el estadio “Pirata” Fuente, enclavado en el puerto de Veracruz, donde seguidores de los escualos arremetieron contra la porra y los aficionados de Tigres, en una situación reprobable por donde quiera que se mire.

El público jarocho suele ser noble pero también son ardidos. Tres juegos imbatibles en casa en lo que va del torneo y ya se sentían invencibles. Llega el campeón y exhibe todas sus carencias y ya no buscaron quién se las hizo sino quién se las pague.

André Pierre Gignac anotó el primer tanto felino y lo fue a festejar a la tribuna y esto en apariencia enardeció al público por considerarlo una provocación. Sin embargo, esto ocurrió al minuto 66 y los graves incidentes se produjeron al término del encuentro y en una zona diferente a la el delantero galo concurrió, según afirma, para festejar con su familia.

El propietario de los tiburones rojos ha denunciado en diversos foros la falta de apoyo de la actual administración estatal para con el club. Entre otros puntos, afirma que no le mandan policía ni la seguridad necesaria para resguardar a los asistentes al inmueble.

Considero absolutamente pueril la explicación. Si tienes un equipo que ofrece un espectáculo y la gente paga por él, es tu obligación proveer la seguridad, aunque te cueste pero don Fidel Kuri se acostumbró a la “beca” que le proporcionaron durante años los gobierno priistas en la entidad.

En pleno zafarrancho, el director técnico de los visitantes, Ricardo Ferretti, enloquece e increpa a un oficial de muy mala manera. El “tuca” se expuso desde que lo detuvieran por falta de respeto a la autoridad hasta que el soldado le pusiera un táte quieto en forma de un chingadazo. Ya fuera de sí, Ricardo le gritó a la porra jarocha: “Van a ver cuando vayan para allá”, en una balandronada propia de un imberbe broncudo de secundaria y no del entrenador de una institución seria como la Universidad Autónoma de Nuevo León y sus patrocinadores.

Luego se ha desatado una guerra de tuits entre las directivas, Gignac, Fidel Kuri y hasta el “maestro” Carlos Reinoso, todo mundo tirándose la bolita por este caos.

Pero fíjese que seguimos teniendo suerte. Pese a las escalofriantes escenas, no ha habido muertos y quizá es lo que están esperando las autoridades federativas para actuar con mano de hierro y cero tolerancia. 

Entre los dueños del balón en nuestro país, como en la política, no existen compromisos sino complicidades y por ello siempre se van por la sanción menor. Los “libres y lokos”, barra felina, no son ningunas hermanas de la caridad pero entre los agredidos se miraban familias, mujeres y niños que escaparon de milagro a la sombra de la tragedia.

Bajo la lupa
Arturo Brizio Carter
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