Joel Alberto Zazueta Ordóñez era originario de Yautepec, Morelos. Desde bien chavito entendió que su vocación era el deporte e incursionó en él de las más variadas maneras. Se hizo experto en karate, actividad en la que llegó a ostentar la cinta negra, máximo galardón al que según entiendo, puede aspirar el practicante de esta filosofía. Cuando le llegó el difícil momento de elegir profesión no dudó pero se inscribió simultáneamente en dos carreras: Licenciado en educación física y entrenador.
Con el paso de los años llegó al nido de Coapa y se convirtió, luego de pasar por todas las fuerzas básicas, en preparador físico del primer equipo. No era un asunto menor ya que algunos de los estrellas del cuadro azulcrema eran incluso mayores que él y es bien sabido que al futbolista le gusta jugar pero son pocos los que realmente disfrutan el trabajo y el acondicionamiento físico.
Además, por órdenes del técnico Jorge Vieyra, que en paz descanse, tenía que arbitrar el juego interescuadras que, para los que no están empapados en la jerga futbolera, es el partido que juegan a media semana titulares contra suplentes y que desemboca en una verdadera guerra.
Todo esto le llevó a un antagonismo con los jugadores del América que, además, se sentían intocables. Cuenta la leyenda que un día mi amigo Gonzalo Farfán retó a los golpes al profe Zazueta. Le dijo: “Me están dando ganas de romperte la madre, qué piensas”, a lo que Joel contestó: “Pienso que hablas mucho, amigo”. Obvio que el buen “chalo” no movió ni un músculo.
Después Joel se convirtió en el adiestrador físico de los árbitros y nació una gran amistad entre nosotros. Cuando un servidor era convocado a un torneo o previo a una liguilla, me ponía a sus órdenes y me pegaba unas madrizas que para que les cuento pero a la hora de los partidos, correr era un juego de niños. De lo demás, como era realmente arbitrar, ya me encargaba yo.
Zazueta ya nos dejó. Falleció a la temprana edad de 50 años sin embargo recuerdo la que era su frase de cabecera: “Güero, no hagas cosas raras”.
A qué viene esta añoranza, se preguntará usted, amable lector. Pues a la reciente e intempestiva salida de Omar Bravo del Guadalajara.
Resulta que al capitán histórico de las Chivas se le había dado la responsabilidad de conducir, desde un muy cuestionable liderazgo, las riendas en el terreno de juego del proyecto deportivo de Jorge Vergara, encarnado en el banquillo por Matías Almeyda.
Sin embargo, a una semana de iniciar el torneo, recibimos la nueva de que el nativo de Sinaloa se marcha a jugar al RailHawks, equipo que milita en una liguita llamada la NASL con sede en Carolina del norte.
No cabe duda que a otras muchas decisiones al interior del rebaño sagrado, a su propietario le encanta hacer…Cosas raras. 

Bajo la lupa
Arturo Brizio Carter
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