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Hace unos meses, un amigo de esos que se creen jocosos me dijo: “Te estás acercando peligrosamente a los 60” y efectivamente, el pasado miércoles llegué a las seis décadas de vida.
Con todo lo relativo que esto pueda ser, pues para los chavos soy un ruco y a mis amigos mayores les parezco un chaval, es un buen momento para las reflexiones y las quisiera compartir con usted, amable lector, ofreciendo además una disculpa ya que por hoy, no hablaré de futbol.
Tuve la suerte de tener una niñez plena y asistí a colegios donde me enseñaron el valor de los valores; posteriormente me acompañó el privilegio de ejercer dos carreras simultáneamente: La de abogado postulante y de juez deportivo, ambas apasionantes y que me dejaron enseñanzas imborrables.
Me casé con una mujer angelical y breve, Isela, fuerte como un roble, tesonera y hecha de fierro ante la adversidad, completando casi 30 años de unión fecunda y de un amor en constante evolución.
Fruto de ello nacieron mis tres hijos, Arturo Pablo, Gabriela y Andrea, mis orgullos y a quienes he tratado de moldear en el ejercicio irrestricto de la libertad.
Vive mi madre y estoy seguro que en su mundo autista tiene un lugar el inmenso amor de su hijo mayor; también están conmigo mis hermanas, sobrinos, familia política y el mejor amigo que la vida me ha dado: Eduardo Brizio Carter
¿Defectos?, soy un catálogo abierto y en constante evolución. ¿Virtudes? Algunas debo tener para estar rodeado de tanta gente valiosa.
Creo ser amigo de mis amigos y jamás le hecho daño a nadie de mala fe. Cuento con muchos a quienes sería irrespetuoso nombrar por aquello de que la memoria me traicionara y omitiera a alguno.
Tengo, a Dios gracias, salud, me divierto con casi todas las cosas y busco aprender algo nuevo cada día y como dijo Joaquín Sabina, nunca le hago gestos a la última copa ni al próximo bar.
He sido a lo largo de mi vida un ávido lector, aventura en la que me inició el abuelo materno, Don Antonio Salvadores y desayuno todos los días con Catón, rodeado de varios diarios y revistas.
Sigo el futbol mexicano e internacional pero mi pasión sigue siendo el arbitraje, tan lejos de Dios y tan cerca de Decio de María.

Trabajo en la empresa de telecomunicaciones más grande de habla hispana y este año cumpliré la mayoría de edad retirado de las canchas y laborando en Televisa, lo que me genera sentimientos nobles como el orgullo y la gratitud.

Hago radio con Toño de Valdés, imparto conferencias, escribo “calumnias” como la que usted tiene entre sus manos y vendo mole los domingos.
Por todo ello, seguiré haciendo cosas que me produzcan alegría, reiré de buena gana y le pondré pasión a lo que haga. Como dijo mi tío Enrique  Mariscal, de 96 años: “Qué feo es llegar a viejo…pero es más feo no llegar”