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En la estructura de un club de futbol, asumiendo que se manejara como una empresa, lo lógico sería que el entrenador escogiera a los jugadores de la plantilla y a los refuerzos. En México, donde todo puede suceder y más en el mundillo balonpédico, existen infinidad de casos donde al estratega no se le consulta sobre cuál es el tipo de futbolista que necesita e incluso le acaban imponiendo elementos que ni loco pediría.
Cuando las cosas marchan bien, no hay ningún problema y todo es felicidad. La bronca viene en el momento en que los malos resultados, la carencia de puntos y las derrotas se apoderan de un equipo de futbol. Entonces, todas las miradas apuntan al trabajo del director técnico e inmediatamente se especula no solo con su salida, sino con quién podría llegar a reemplazarlo en el banquillo del sufrimiento.
El término “poner la cama”, que da origen a esta colaboración, es típica del futbol. Quiere decir que cuando un grupo de futbolistas no están de acuerdo con la forma de manejar al grupo por parte del entrenador, digamos que dejan de poner de su parte para que los buenos resultados lleguen y de esa manera, la directiva despida al estratega en turno.
Si usted consulta a un jugador, ya sea activo o en retiro, la aseguro que negará que esto exista. Siempre afirman que el futbolista es un profesional y jamás dañaría la imagen de la institución o se jugaría las contras en cuanto a prestigio y dinero se refieren.
Sin embargo, desde que tengo uso de razón futbolística, he visto infinidad de casos de equipos que son goleados una semana, llega el nuevo entrenador a mediados de la siguiente y al próximo partido, los vemos correr como gamos y meter la pierna que es un contento.
El caso más reciente y significativo es el del León, donde nomás no se le daban las victorias al “flaco” Luís Fernando Tena, a pesar de que algunos encuentros los jugaban francamente bien. Como por arte de magia, llega Javier Luís Torrente al timón esmeralda y los delanteros encuentran el marco, los defensas no se equivocan y el guardameta levanta un muro en su portería. ¡Qué bonito!
Esta semana se anunció el despido de José Saturnino Cardozo como adiestrador de los Jaguares de Chiapas. Incluso se nombró a Sergio Bueno como su sucesor, sin embargo, nos platican que los propios jugadores intercedieron ante la directiva para preservar en el puesto al estratega guaraní. Otra vez, ¡qué bonito!
La realidad es que siempre será más fácil despedir a una persona que tomar represalias contra miembros del plantel y el técnico estará sentado permanentemente en un barril de pólvora.
En los muchos años que pisé las canchas debo decirle a usted, amable lector, que vi poner muchas camas, con tipos fingiendo lesiones, haciéndose expulsar, dejando de correr y en suma, sin el menor compromiso para sacar el resultado. Aunque digan que no pasa.

Por: Arturo Brizio Carter / [email protected]