Los días pasan y las medallas no caen en el morral mexicano allá en Río de Janeiro. Múltiples voces claman por resultados y exigen se corten cabezas dado lo magro de la cosecha, como si eso fuera modificar sustancialmente la realidad deportiva mexicana.
El deporte en nuestro país no es una prioridad para el Estado, tan es así que cuando hay que meterle tijera al presupuesto de egresos, lo primero a recortar son precisamente los apoyos a este rubro. Ahora hasta esa caterva de zánganos que son los diputados exigen la comparecencia de los dirigentes para que rindan cuentas del fracaso.
Las federaciones están integradas, en su mayoría, por una bola de pillos que se vuelan la lana destinada a los atletas, se niegan a rendir cuentas del dinero que reciben y cuando les conviene, se acogen a la legislación civil, alegando que son asociaciones que se deben al voto soberano de la asamblea. ¡Cínicos!
La pregunta sería: ¿Están obligados nuestros atletas a traer metales de los Juegos Olímpicos? Porque frecuentemente se confunde la esperanza con la cruda realidad y esta señala que México no es una potencia deportiva. Lo que sí considero fundamental es que cada uno de los integrantes de la delegación azteca cumpla con el estatus en el que están ranqueados a nivel mundial y eso, en un alto porcentaje, ha sucedido.
Por supuesto que hay casos como el de la arquera Aída Román, eliminada en la primera ronda, que se tienen que calificar como fracaso absoluto.
Los clavadistas quedaron en el lugar que los expertos a nivel mundial les habían asignado, pese a las tronantes declaraciones del titular de CONADE, el licenciado Alfredo Castillo, en el sentido que la federación internacional les estaba cobrando factura por haberse negado a financiar el mundial de natación en nuestro país.
El futbol ha tenido su verano negro y al papelón en Copa América se suma este tropiezo en el evento olímpico donde han quedado eliminados en la fase de grupos. Solo le ganaron a Fiji, el más débil de los participantes, empataron con los germanos y cayeron ante Corea. Una pesadilla.
Jugadores agrandados, sobrados, trepados en un ladrillito porque algún noticiero ya los coloca en Europa, faltos de carácter y además, la mala leche de que dos de sus estrellas, Oribe Peralta y Rodolfo Pizarro se hayan lesionado, fueron poniendo los cimientos de este tropezón. De la falta de sustento directivo ya ni hablamos.
La cuestión que le lanzo a todos los involucrados en el tema deportivo es: ¿Qué querían? Sin apoyos reales ni la infraestructura adecuada, ganar medallas parece más una hazaña fabulosa que una realidad concreta.
Falta que salten a la palestra atletas que son posibilidades reales de treparse al podio, como María del Rosario Espinosa pero las cuentas al final serán indudablemente flojitas.

Bajo la lupa
Arturo Brizio Carter
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