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Uno de los actos humanos más complicados es el divorcio. Significa, primero que nada, el reconocimiento del fracaso en la elección al compañero de vida, sea este hombre o mujer. Normalmente las personas asumen, sin el menor pudor, su capacidad para obedecer el mandato de permanecer unidos “hasta que la muerte los separe” pero la terrible realidad, los demonios personales y sociales y hasta los problemas económicos conspiran para que esa promesa no se cumpla.

Al final, se trata de una decisión personal y ya luego vendrá el disfraz jurídico para llevarlo a cabo de una manera pacífica, es decir, voluntariamente o bien dejando la decisión a un juez en lo que indudablemente será un pleito de dimensiones épicas.

Al iniciar mi carrera para ser Abogado, trabajé de “pasahambres” en un despacho que se dedicaba al derecho civil y familiar. El titular era un hombre sabio y generoso que me enseñó el apego a la verdad.

En cierta ocasión, una señora le consultó sobre la disolución del vínculo matrimonial y al final de la sesión le preguntó: Pero, vamos a ganar, ¿verdad Licenciado? MI jefe le contestó: “Mire señora, en un divorcio no hay ganadores pero sí grandes perdedores: Sus hijos”

Esto viene al caso luego de enterarnos que el futbolista profesional Christian Bermúdez fue detenido por las autoridades judiciales bajo el cargo del incumplimiento en el pago de la pensión alimenticia a su esposa y sus dos menores hijos.

Un juez, con residencia en la Ciudad de México, dictó auto de formal prisión contra el “hobbit” por lo que, al tratarse de un delito grave, deberá enfrentar el proceso en cautiverio.

El centro del litigio es que el futbolista que ha jugado para clubes como Atlante, América y que actualmente lo hace con Puebla, dejó de cubrir los gastos de manutención de su familia desde enero de 2014 y que ascienden, según la defensa de la señora, a 6 millones de pesos.

Esto equivaldría, más o menos, a 200 mil pesos mensuales. ¿Mucho o poco? Cuestión de enfoques pero lo que resulta en mi opinión monstruoso es que un padre de familia se pueda sentar a una mesa sin saber si en otra parte sus hijos tienen qué comer.

Bermúdez afirma no tener dinero para hacer frente a sus obligaciones familiares. Esto es altamente improbable dado los jugosos sueldos que el futbolista percibe en nuestro país y el “hobbit” es de la mitad para arriba.

Ojalá Christian reciba una buena asesoría legal pero estoy seguro que lo que él necesita es una guía moral para entender que a los hijos no se les trae al mundo como una broma o a quienes se les debe hacer pagar por el odio que puedas cultivar contra tu cónyuge.

El hombre que escinde un hogar tiene derecho a rehacer su vida más debe preguntarse, como dice el grupo Maná, por sus hijos: ¿Dónde jugarán?, pero sobre todo: ¿Dónde comerán?