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Cayó el telón en el campeonato mexicano con una final inédita, que además, quedará para el análisis por lo indescifrable, atorada y en ratos incluso aburrida.
Monterrey y Pachuca dejaron al mundillo futbolístico con apetito, sobre todo luego de que en la liguilla habíamos saboreado platillos del tamaño del clásico del norte, el clásico de clásicos y una serie Rayados vs Águilas que paró el latir de millones de corazones.
En el partido de ida, cual round de estudio, se hicieron poco y los Tuzos tomaron una ventaja que se antojaba escasa. El drama quedaba instalado para el domingo en la noche, teniendo como escenario el impresionante estadio que el Monterrey acaba de estrenar.
Todo parecía confabularse para una fiesta interminable en la Sultana del Norte porque Pachuca estaba físicamente en la cancha pero mentalmente se había quedado en los vestuarios. Rayados llegaba por todos los flancos y solo la figura inconmensurable de Oscar Pérez impedía que en media hora aquello se convirtiera en una masacre.
Luego vino el penal que Manny García le comete a Neri Cardozo y se pensó que las aguas tomaban su cauce pero resultó que no. Cardona se plantó frente a la pelota y voló su disparo, dejando atónitos a todos los presentes.

La presión continuó y Dorlan Pabón, con un balazo al rincón, dobló a un “Conejo” que parecía de hule. Ahí el alma le volvió al cuerpo a los norteños, quienes se fueron al descanso seguros de que sería cosa de trámite finiquitar el encuentro y por ende, el campeonato.

Pachuca no hilvanaba tres pases seguidos y no disparaba a puerta. Monterrey no se tiraba a matar y paseaba la pelota por todos los frentes. En eso, Pabón se va solo y Aquivaldo Mosquera lo derriba para que Fernando Guerrero, de impecable actuación, lo botara del terreno de juego.
¡Ahora sí!, se leía en el rostro de los aficionados, es cosa de minutos. Pero jamás apareció la mano de Antonio Mohamed. Simplemente hizo cambios por hacerlos sin enterarse, por ejemplo, de que Cardona estaba fundido.
Diego Alonso ajustó pero su clara intención era llegar hasta los tiempos extra y si era posible, definir el título en penales.
Un duelo de pánico, de indecisiones, de no saber qué hacer en la dirección técnica por parte de ambos conjuntos. En ese sentido quizá salga mejor librado el estratega del Pachuca porque Víctor Guzmán anotó el gol que a la postre les daría el campeonato pero nunca se trató de un cambio ofensivo por eso puedo afirmar, muy a la mexicana, que la cosa simplemente le “salió”.
A Pachuca se le da jugar en el norte. Es la tercera vez que dejan tendidos en el terreno a cuadros regios y eso no se ve seguido. Monterrey, aunque no estaba en el presupuesto, sufrió la maldición del súper líder.
¡Ah! y en la ausencia de Carlos Sánchez para reportar con su selección, alguien en la oficina rayada no hizo bien su chamba.