Porque hoy lunes iniciará la impresión de las boletas que estarán en las casillas del domingo uno de julio, a no ser que este mismo día sea eliminado por el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, José Luis Gómez Borbolla estará en la boleta electoral como el candidato de la coalición Morena-PES-PT a la alcaldía de Cuernavaca. Será una esta una “peculiaridad electoral”, ensuciada la contienda interna por la codicia de lo que en términos monetarios representa la candidatura del PES al grupo del ex futbolista Cuauhtémoc Blanco y el íbero-mexicano José Manuel Sanz.  Inédito por otra parte el hecho que desde la cárcel se apresten a competir dos candidatos a presidentes municipales de Amacuzac, Alfonso Miranda Gallegos, de la coalición Juntos Haremos Historia, y Jorge Miranda Abarca, del Partido Revolucionario Institucional. Aquél acusado de delincuencia organizada y secuestro y éste imputado también de plagio y a la vez de homicidio y delincuencia organizada, ambos permanecen internados en prisiones federales. Pero esta situación que no hace muchos años habría escalado al nivel de escándalo nacional, palidece ante la violencia extrema de los asesinatos de políticos en otras entidades, contabilizados ciento doce de septiembre pasado, cuando comenzó el proceso electoral, al viernes anterior que fue ejecutado el candidato del PRI a diputado federal por el Distrito 1 de Coahuila, Fernando Purón Johnston. Señales ominosas los homicidios de aspirantes, precandidatos y candidatos formales a puestos de elección popular enmarcan la competencia por la Presidencia de la República en la que absolutamente TODAS las encuestas dan como amplio favorito al líder de Morena, Andrés Manuel López Obrador. Mientras, el panista Ricardo Anaya sigue rezagado en el segundo y el priista José Antonio Meade hundido en el tercero cuando sólo faltan tres semanas para las elecciones. Todo ello dentro de la circunstancia asimismo inédita que, frente a la posibilidad de perder privilegios, aterra a los grupos de poder político y económico del país, lo cual los hace doblemente peligrosos al interés popular, latente incluso el riesgo de que cualquier cosa pueda suceder… FRENTES de campaña: el propósito del candidato priista a la gubernatura, Jorge Meade Ocaranza, recuerda ahora a Lauro Ortega Martínez, junto con Emilio Rivapalacio Morales los dos mejores gobernadores de Morelos. Igual que don Lauro, Jorge pretende recorrer los que el propio galeno de Xochitepec llamaba los 400 pueblos de Morelos. Comentada no hace mucho aquella época por el columnista, evoqué: Caluroso ese mediodía en la comunidad de Huautla, que para 1982 hacía muchos años había visto pasar la época de bonanza por sus minas de plata, Lauro Ortega andaba ahí de gira rumbo a la gubernatura. El acto de campaña rompió la monotonía de este pueblito enclavado en la sierra de Tlaquiltenango, sorprendidos los pocos lugareños que aún lo habitaban por el acontecimiento inusitado de la visita “desde Cuernavaca” del candidato a gobernador, tanto, que pocos días después la gente de Los Elotes, un pequeño caserío desparramado en un vallecito al que sólo era posible llegar por una brecha terregosa, recibía a don Lauro creyendo que el gobernador de Morelos era aún el ingeniero Felipe Rivera Crespo, quien, relevado en 1976 por el doctor Armando León Bejarano, había dejado de serlo seis años atrás. A no ser por el típico pendejo con iniciativa, un aspirante a “guarura” que se trabó en una discusión verbal y de empujones con el joven Jorge Meade Ocaranza, el incidente habría pasado desapercibido. De regreso a la redacción, pergeñé a vuela tecla el “Atril” y dos notas, la de cajón sobre el acto de campaña y otra reseñando el incidente que apareció en nuestra edición de la mañana con el título de “GUARURAS EN LA CAMPAÑA DE ORTEGA”, grandes y mayúsculas las letras de la de ocho columnas como fueron las portadas del Diario durante tres décadas. Hipersensible a la prensa, don Lauro cortó por lo sano, ordenó que Jorge Meade fuera designado candidato del PRI a diputado local, resolvió el problema pero sin saberlo le dio el empujón definitivo a la carrera política de aquel muchacho cuyo alias de “El Fraile” le era conferido por su cara de “yo no fui” coronada por el corte de pelo con partido en medio… (Me leen después).

Por: José Manuel Pérez Durán / [email protected]

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