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Despuntaba el 82 y los políticos andaban locos. “Tengo un acta de Jonacatepec que me hace nativo de Morelos”, presumió el fuereño que pretendía un cargo de elección popular. Era uno de los chilangos que seis años atrás habían llegado con el gobernador Armando León Bejarano. Todos lo sabíamos, así que los reporteros lo cuestionamos a bote pronto. ¿Cómo era posible que un político foráneo quisiera ser diputado si la Constitución de Morelos establecía que todos los candidatos deberían haber nacido en esta entidad, desde regidores a gobernador, pasando por presidentes municipales y legisladores? Pero los políticos forasteros pecaban de cínicos, no recurrían al amparo de la Constitución de la República, simplemente le pedían a algún alcalde cómplice un acta de nacimiento extemporánea de Morelos y listo: podían ser candidatos. Ítem: de aquella generación subsisten algunos que nacieron en otros estados y se volvieron “morelenses” consiguiendo esas actas de nacimiento chafas con las que fueron diputados o ediles y muy probablemente, porque entonces se podía, obtuvieron pasaportes y credenciales de elector a partir de las mismas actas… En el viejo PRI el candidato a gobernador era tácitamente gobernador. Los nominados por cualesquiera otros partidos no tenían ninguna posibilidad de ganar la elección. Si no ganaba, el partido oficial arrebataba. No diré nombres, pero esta anécdota ilustra el comentario. La madrugada previa a la elección, el gobernador inminente hizo un recorrido en sitios preestablecidos para cruzar las boletas electorales que horas después serían retacadas en las urnas. Las calles estaban solitarias; faltaban tres horas para que saliera el sol. Acompañado de un ayudante de todas sus confianzas, éste tocó la cortina metálica de una carpintería en cuyo interior un “operador” cruzaba boletas a favor del candidato a gobernador del PRI. Se veía una línea de luz entre la cortina y el piso. Tocó varias veces. Silencio, nadie contestaba hasta que reclamó: “¡Abre, pendejo, aquí está el señor candidato!”. A lo cual el sujeto de adentro condicionó: “A ver, que diga cómo se llama su mamá”. Cuando por fin abrió, el candidato lo felicitó por desconfiado y “hacer bien el trabajo” que le había sido encomendado. Tan no era “eso” que le acababa de decir el ayudante enojado, que semanas después era incluido en el gabinete del flamante gobernador. Hoy, de aquella generación de políticos fuereños vueltos morelenses gracias a la maniobra citada, al menos dos aspiran a la gubernatura de 2018, sin complicación por la oriundez morelense si fuera el caso que desde hace algo así como una década no lo es, eliminado el requisito de la Constitución local cuyo artículo 58 mandaba que el gobernador fuera morelense por nacimiento pero sujeto a la supremacía de la Constitución federal por la que bastan cinco años de residir en la entidad al local o al foráneo para poder ser candidato a gobernador. Tampoco necesitará haber vivido en Morelos doce años previos a la elección de 2018, echado abajo el lunes pasado este requisito por la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) que de golpe y porrazo mató y sepultó la reforma política por la que meses atrás se hizo tanto escándalo en el Congreso del Estado. Otras cuestiones declaradas inconstitucionales por los magistrados de la SCJN refieren las edades y los años de residencia en Morelos que deben demostrar los candidatos a ediles, pero la que causó escozor es que el requisito residencial del gobernador ya no de doce años sino de sólo cinco que en estricta verdad el año que viene no cumplirá Cuauhtémoc Blanco Bravo, el ex futbolista famoso que, si en 2015 consiguió falsear su residencia en Cuernavaca para ser nominado candidato a alcalde de Cuernavaca, en este sistema político de las impunidades, las trampas y las influencias a alto nivel, si no lo logra cuando menos lo intentará en la siguiente elección de gobernador. En este sentido, habría que aprovechar alguna visita del secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, y preguntarle si dispuesto está a apoyar a Cuauhtémoc para que sea candidato a gobernador por la alianza PRI, Encuentro Social, Verde y Panal… y a los aspirantes priistas, si se dejarán mangonear… SI DEL poder presidencial se trata, era de temerse que la comparecencia, ayer, del secretario de Comunicaciones y Transportes, Gerardo Ruiz Esparza, fuera a modo de que no lastimara a Peña Nieto. Presidente de la Gran Comisión, el panista Ernesto Cordero se opuso a que el senador de Morelos, Rabindranath Salazar Solorio, cuestionara al compareciente, pero de todos modos exigió que renuncie… ME LEEN MAÑANA.

Por José Manuel Pérez Durán

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