Los escoltas aparecen de pronto, se movilizan. Son cuatro o seis jóvenes, ocultas sus armas bajo los chalecos largos y los sacos. Los comensales observan la escena, pero con cierta discreción porque en Cuernavaca hemos aprendido a ser prudentes; aquí nunca se sabe a quién cuidan los “guaruras”. Familias, grupos de amigos y parejas de novios o esposos llenan de voces y risas las mesas de la terraza. Simulan no ver lo que están viendo. Cuchichean. Inquietos, se preguntan de quién son los escoltas. ¿Cuidan la seguridad de un funcionario de primerísimo nivel? ¿Son de un empresario acaudalado? Quizás vienen con un jefe policíaco de alto rango, cuyo trabajo peligroso justificaría el aparato de seguridad. O peor aún, pues en lugares públicos de Cuernavaca se ha vuelto común la presencia de escoltas, a veces discretos y otras aparatosos, que los que están mirando sean de algún jefe de “la maña”. Entrenados, siguiendo un protocolo, uno de ellos se apresura a abrir la portezuela de la camioneta lujosa al sesentón que ha salido de un saloncito medio privado y ya se acerca, mientras otro de los muchachos armados hace lo mismo para que entre la señora al vehículo. Sin embargo, su patrón ni es un mando superior de la policía y tampoco un presidente municipal, ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, juez federal ni gobernador. Se trata de un funcionario administrativo que no desempeña cargo alguno de alto riesgo; sólo es el secretario técnico del Ayuntamiento de la ciudad, José Manuel Sanz Rivera, el español naturalizado mexicano y apoderado del ex futbolista profesional Cuauhtémoc Blanco Bravo públicamente reputado como el vicealcalde de Cuernavaca. A lo mejor por eso tantos “guaruras”. Pero, ¿cuánto cuesta a los impuestos de los cuernavacences su aparato de seguridad? Los comensales calculan: noventa mil pesos mensuales a razón de quince mil por cada seis escoltas o sesenta mil por cada cuatro, aparte el chofer, la gasolina, el mantenimiento de la camioneta y el coche de los escoltas, y desde luego, los viáticos de gastos “de representación”. A los pocos días del desplante del íbero Sanz, el tesorero de la Comuna, Alejandro Villarreal Gasca, hace un exhorto para que las dependencias del propio Ayuntamiento apliquen “medidas de racionalidad”. Insiste en algo que por repetido es sabido: que el gobierno capitalino continúa en crisis económica, “por lo que no deben realizarse gastos innecesarios”; que el alcalde Blanco enfrenta diferentes pasivos, entre ellos la deuda de más de 800 millones de pesos con la empresa Promotora Ambiental S.A. (PASA) y otros adeudos superiores a mil 500 millones. Pero visto está que el secretario Sanz disfruta de la irracionalidad del gasto presupuestal… EL GASOLINAZO de enero y los que vienen hicieron vigentes las palabras que dijo a los mexicanos el presidente Adolfo López Mateos en el acto de la nacionalización de la industria eléctrica, el 27 de septiembre de 1960. Aquí un extracto: “Les devuelvo la energía eléctrica, que es de la exclusiva propiedad de la nación, pero no se confíen porque en años futuros algunos malos mexicanos identificados con las peores causas del país intentarán por medios sutiles entregar de nuevo el petróleo y nuestros recursos a los inversionistas extranjeros. Ni un paso atrás, fue la consigna de don Lázaro Cárdenas del Río, al nacionalizar nuestro petróleo. Hoy le tocó por fortuna a la energía eléctrica. Pueblo de México, los dispenso de toda obediencia a sus futuros gobernantes que pretendan entregar nuestros recursos energéticos a intereses ajenos a la nación que conformamos. Una cosa obvia es que México requiere de varios años de evolución tecnológica y una eficiencia administrativa para lograr nuestra independencia energética; sería necio afirmar que México no requiere de la capacitación tecnológica en materia eléctrica y petrolera. Pero para ello ningún extranjero necesita convertirse en accionista de las empresas públicas para apoyarnos. Sólo un traidor entrega su país a los extranjeros; los mexicanos podemos hacer todo mejor que cualquier otro país (…) En México la Constitución es muy clara: los recursos energéticos y los yacimientos petroleros son a perpetuidad propiedad única y exclusiva del pueblo mexicano. Les dejo la misión de no permitir que vuelva a caer en manos de extranjeros...”. Consideradas premonitorias y sabias las palabras de López Mateos por el ex alcalde de Yautepec, Agustín Alonso Mendoza, este discurso que replica en las redes sociales rechaza la política neoliberal de Enrique Peña Nieto… ME LEEN EL DOMINGO.

Por: José Manuel Pérez Durán /  [email protected]