A diferencia del virtual presidente Andrés Manuel López Obrador, quien ya ha nombrado a una parte de las y los que integrarán su gabinete, esto no lo ha querido o podido hacer el gobernador electo Cuauhtémoc Blanco Bravo. Y eso que AMLO asumirá el cargo tres meses después que el “Cuau”, respectivamente, los primeros días de enero y octubre, de manera que, al no haber designaciones oficiales, sólo queda el recurso de especular. Dos que seguramente tendrán rango de secretarios de despacho: José Manuel Sanz Rivera y Alejandro Villareal Gasca, aquél quizá secretario general, insinuado así por su vieja cercanía con el ex futbolista profesional, de negocios y de trabajo, no impedido para el desempeño del cargo pese a su condición de español de nacimiento pero mexicano por naturalización, y éste dado su perfil de secretario de Hacienda en un puesto que repetiría por tercera vez, la primera con el gobernador 2000-2006 Sergio Estrada Cajigal y la segunda con el también mandatario estatal panista Marco Adame Castillo, por cierto, hoy día diputado federal por el partido blanquiazul para la próxima Legislatura. También Rafael Jiménez Valdez, pese a los trascendidos de sus diferencias con Sanz y el propio Cuauhtémoc; Margarita González Zarabia, ubicada desde el inicio de febrero en la Secretaría de Desarrollo Social del Ayuntamiento de Cuernavaca; el ex árbitro Gilberto Alcalá, a quien racientemente al entonces ya gobernador electo le fue imposible imponer como presidente municipal capitalino porque, a la caída de José Luis Gómez Borbolla, el suplente de éste formalmente registrado como tal en el órgano electoral ya era Francisco Antonio Villalobos Adán. Aparte, de las comisiones para la recepción del Gobierno Estatal se desprenden algunas “insinuaciones” de cargos, como el caso de Cipriano Sotelo Salgado, el eterno aspirante a la titularidad de la antes Procuraduría General de Justicia y en la actualidad Fiscalía General del Estado, así como el hermano de éste mismo, Samuel, con alguna trayectoria en el ámbito de la procuración de justicia que recalaría con Cuauhtémoc como secretario general de la Comuna. Y así por el estilo, en días en que tampoco el cuasi ya alcalde Toño Villalobos tampoco da color con respeto a su gabinete… CONMEMORADO el sábado anterior el 149 aniversario de la instalación del Primer Congreso Constituyente en Yautepec y la designación de la misma población como la primera capital de Morelos en la época de inestabilidad política y social en que Cuernavaca y Cuautla disputaban el nombramiento de capital estatal, de cierta manera pasó desapercibido el nombre del diputado constituyente Juan Salazar Pérez, quien fallecería a fines de los setenta o principios de los ochenta en su casa de Yautepec, donde la familia conservaba la maquinaria de una vieja fábrica de hielo que en cierta ocasión mostró su hijo Manuel Salazar al columnista. Último hijo del legislador constituyente, Manuel nació el 24 de diciembre de 1949 y murió a la edad de 64, en enero de 2014. Siete meses después, escribí: Aunque fue militante del PRI, simpatizó con la corriente izquierda al interior y al exterior del mismo partido, de tal manera que participó intelectualmente en un movimiento en su natal Yautepec para destituir a la priista Gloria Ulloa
del cargo de presidenta municipal. Fue diputado por Yautepec en la segunda mitad del sexenio del gobernador Lauro Ortega Martínez (1985-1988), literato, colaborador del semanario “Correo del Sur”, publicación que simpatizaba con las Comunidades Eclesiales de Base y la Teología de la Liberación, patrocinadas por uno de sus grandes amigos, el obispo Sergio Méndez Arceo. Después, Manuel colaboró como articulista en algunos periódicos locales. Incansable poeta, constante viajero de tierras sudamericanas, fue un hombre que vivió a plenitud, generaba grandes amistades. Fue docente y fundador de la preparatoria “Alberta Rojas Andrade”, escritor de Yautepec y consejero político del actual alcalde de Yautepec, Agustín Alonso Mendoza. Fiel a sus creencias, Manuel Salazar dispuso que una vez muerto lo incineraran sin avisar a nadie de su fallecimiento, para que su cuerpo no fuera visto ni objeto de costumbres religiosas de ningún tipo… Manuel fue un amigo cercano del dos veces alcalde de “Yaute”, Agustín Alonso Mendoza, quien financió la edición de su libro, “Olea, el oficio de matar”, una novela política-policíaca que recrea aspectos del Morelos de los años cincuenta… (Me leen después).

Por: José Manuel Pérez Durán / [email protected]

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