compartir en:

Veinteañero, Rafael acariciaba el sueño de llegar lejos y pronto. Sería ingeniero, y para serlo nomás le faltaban cinco años. Cursaba la carrera en las mañanas y, magro el ingreso de su familia a la que pensaba sacar adelante, por las tardes trabajaba en una empresa constructora. Pedro le llamó al celular: “Voy por ti para que vayamos al pozole”. Le contestó que saldría tarde, pues haría horas extras, pero Pedro, que era su cuñado, insistió: “No le hace, ahí nos vemos”. Pasadas las doce, Rafael iba de copiloto en el coche de Pedro. Había poco tráfico, Pedro vio el verde del semáforo a unos veinte metros de distancia y calculó: “paso”. La desgracia sucedió en segundos fugaces, impactado justo en el lado donde viajaba Rafael el automóvil del borracho que salió de la calle transversal. El futuro ingeniero ya no pudo llegar lejos, rotas sus ilusiones por la guadaña del cafre a quien su compañero no vio aparecer. Ambos fallecieron, el copiloto en el lugar del encontronazo y el conductor llegando al hospital de la Cruz Roja…  Instaurado en 2003 en el ex Distrito Federal y actual Ciudad de México, para el 2011 el programa Conduce sin Alcohol o simplemente alcoholímetro ya había sacado de circulación a 90 mil conductores ebrios, muchos de los cuales probablemente se salvaron de perder la vida o de quedar lisiados en accidentes de tránsito vinculados a la ingesta de alcohol. Pero de acuerdo con estudios de organismos internacionales en materia de vialidad, México ocupa el séptimo lugar a nivel mundial en muertes por accidentes de tránsito, aseguró en 2006 Roy Rojas, asesor de la Organización Panamericana de la Salud. Señaló que en México mueren aproximadamente 24 mil personas al año por accidentes de tránsito y 55 humanos cada día. Seis años más tarde, en 2009 el Centro Nacional de Prevención de Desastres advirtió que la principal causa de muerte entre los jóvenes seguían siendo los accidentes automovilísticos, y que en estos hechos el 50% involucraba el consumo de alcohol. Destacó el costo anual promedio de los accidentes: 120 millones de pesos, aunque en ocasiones la cifra se dispara; que los accidentes de tránsito representaban la cuarta causa de muerte en nuestro país, pero los principales efectos que los provocan pueden ser evitadas en un 90%, como el exceso de velocidad, el consumo de alcohol o drogas, no respetar los señalamientos, no usar el cinturón de seguridad así como portar un objeto en las manos. Todo lo cual no ha cambiado mucho pero no está de más subrayarlo. Según estudios coincidentes en la misma materia, si no existiera el alcoholímetro en la capital mexicana y en otras entidades del país la cifra de decesos sería un setenta por ciento más. Y aquí queríamos llegar: anunciada por sucesivas administraciones municipales la implementación del programa Conduce sin Alcohol, en Cuernavaca se ha quedado en puros intentos, excusas y la oposición de los dueños de antros, restaurantes y hoteles so pretexto de que, al ser la nuestra una ciudad turística, la prueba del alcoholímetro ahuyentaría a los visitantes de fines de semana. Recién retomado este tema por Martha Ángelica Hernández Oseguera, una funcionaria de Prevención y Control de Accidentes  en Morelos, repite lo súper sabido: que la prueba de alcoholimetría disminuye el número de accidentes automovilísticos, y por eso la importancia de aplicarlo en Cuernavaca y su zona metropolitana donde se concentra la mayor cantidad de eventos con saldos de muertos o heridos asociados a personas en estado etílico. Sin embargo, según Hernández el impedimento para la instauración del citado programa ya no es económico sino “legal”, porque el Reglamento de Tránsito no autoriza el alcoholímetro y habría que modificarlo. Recordó que desde 2010 los Servicios de Salud de Morelos (SSM) “invitaron” a los ayuntamientos a aplicar los operativos, como hizo el de Jiutepec y después el de Temixco. Más aún: que debido a que las autoridades municipales argumentan falta de recursos para adquirir equipos, los SSM se los otorgan por medio de convenios, tal y como ha sucedido en el último sexenio con la entrega de 12 alcoholímetros y 5 impresoras a 9 comunas… Historias tristes como la que narro al principio de esta entrega pudo ser evitada por el alcoholímetro, pero seguirán repitiéndose hasta el día que funcione este programa que lleva ya trece años en la Ciudad de México. Así, la pregunta: ¿a los presidentes municipales no les importa la seguridad de sus gobernados? Y la respuesta: ¡Qué poca ma… nera de pensar!.. ME LEEN MAÑANA.

Por: José Manuel Pérez Durán /  [email protected]