Terminada la última clase, ¿a dónde van los jóvenes que estudian? Y los que trabajan, ¿en qué ocupan sus horas de asueto? Depende de las aficiones, circunstancias y posibilidades de cada quien. Obvio. ¿Pero dónde quedan la diversión, los lugares para hacer deporte y cultivar el espíritu? Parques, por ejemplo, de lo que Cuernavaca es ejemplo de incongruencia: aquí, donde la exuberancia de la vegetación da para que en cada colonia haya un parque, tenemos muy pocos. El Revolución, cerrado al tránsito peatonal hace años por el candado de la estupidez oficial o la influencia del Obispo; o el Porfirio Díaz y el Melchor Ocampo, inseguros, oscuros, tenebrosos; o el Cricrí, sucio, mal oliente. Instalados el viernes pasado los consejos para el Desarrollo Metropolitano 2019 de las zonas de Cuernavaca y Cuautla, el alcalde citadino Francisco Antonio Villalobos puso el énfasis en el objetivo: “Sacar a los muchachos de la depresión como resultado de la imagen de los espacios públicos. Tenemos que crear una serie de productos, escuelas de música, escuelas de deportes, canchas deportivas, diferentes deportes. En todas las colonias vamos a estar”. Esto por medio de la recuperación de espacios públicos, a partir de un programa del gobierno federal del que el delegado para la circunscripción Cuernavaca, Tepoztlán y Huitzilac, Sergio Pérez Flores, subrayó que la instrucción del presidente Andrés Manuel López Obrador es generar las acciones necesarias para la recuperación de espacios en los municipios. Detalló: “El territorio nacional se ha dividido en 266 regiones, (y) en esta región trabajamos de forma coordinada con el ánimo de mejorar la seguridad y de traer los programas sociales, entre otras actividades”. Para eso de recuperar lugares púbicos, ¿qué tal la Casa de la Chica, aunque sitio de carácter público no lo es pero puede serlo mediante la expropiación por causa de utilidad, precisamente, pública, para hacer un parque en el predio arbolado y habilitar como casa de juegos de salón el caserón enorme? Vale decir: un asunto al que el columnista se refirió en estos términos el 20 de septiembre anterior: “…Casa de la Chica: inmueble tan apreciado por la gente vieja de Cuernavaca que debe ser expropiado por causa de utilidad pública, un recurso legal que han esquivado los gobiernos conservadores en una política pusilánime de respetar los bienes particulares no obstante ser históricos”. La polémica resurgió por fotografías de la tala de un árbol tal vez centenario en esa mansión que fue del ingeniero Federico T. de La Chica y hoy día propiedad de la empresa de autobuses foráneos Pullman de Morelos. Una idea lleva a otra: la Central Camionera que en el Atril ha sido tema recurrente pero “novedoso” para el Gobierno Estatal, lo cual nos lleva a esta historia: Se acercaba el final de los ochenta y había muerto el por tantos años llamado pulpo camionero que databa de fines de los setenta, monopolizado por el desaparecido zar del transporte Jesús Escudero, un multimillonario que había comenzado desde abajo y tenía autobuses de pasaje urbano en Acapulco. Gente, se decía entonces, del cacique guerrerense Rubén Figueroa Figueroa y uno de los socios más fuertes de la Flecha Roja que les compró autobuses y concesiones a los dueños de las líneas Chapultepec, Urbanos y Emiliano Zapata. Hoy, las “rutas” ya han cumplido treinta y dos años. Creadas en 1987 como el Sistema de Transporte Colectivo por el gobernador Lauro Ortega Martínez, tras el deceso del pulpo camionero poco tardó en nacer el monstruo rutero, vendidas las concesiones por taxistas que no supieron manejar el negocio, acaparadas por flotilleros, repartido el botín entre los presidentes de rutas, revividos los permisos del monopolio extinto de Escudero. Y lo peor: ya no con uno sino con varios interlocutores ante el gobierno y parecidos o iguales vicios, explotados los choferes que hasta la fecha cubren jornadas de más de ocho horas sin prestación laboral alguna y prestado el servicio de tercer mundo a los usuarios que viajan apiñados en microbuses y combis mayormente carcachas. La Central Camionera, que medio siglo atrás iba a ser construida al lado de la estación de la CFE en el boulevard Cuauhnáhuac y es ahora más necesaria que entonces, que tiene que ver con la movilidad en un estado como Morelos donde existe un parque vehicular de cerca de 700 mil unidades, es decir, aproximadamente tres personas por cada automotor a partir de una población de cerca de dos millones de habitantes. ¿Otro inmueble susceptible de ser expropiado para la utilidad pública? ¿Qué tal los edificios Chapultepec en Clavijero, peligrosos, guarida de viciosos, abandonados hace décadas, con o sin dueño?.. (Me leen después).

 

Por: José Manuel Pérez Durán

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