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Politizado el tema de las autodefensas ciudadanas, tantos hablan de ello, algunos no tienen ni idea de lo que dicen pero ninguno establece la diferencia. Jorge Zapata, nieto del general Emiliano, señala que las autodefensas en Morelos no son una opción sino una necesidad ante el problema de la inseguridad. Ex alcalde de Ayala y actual diputado por el PAN, José Manuel Tablas Pimentel aprovecha los reflectores para solicitar la comparecencia del jefe del mando único estatal, Alberto Capella Ibarra, a fin de que explique el porqué del surgimiento de autodefensas en Morelos. Repite el vocablo, pero maliciosamente no precisa si se trata de autodefensas armadas o desarmadas. Hasta el presidente de la Comisión de Derechos Humanos del Estado de Morelos, Arturo Olivares Brito, echa su cuarto de espadas, descubriendo el agua tibia, diciendo que la creación de grupos civiles de autodefensa en Morelos es la consecuencia de la falta de resultados de las instituciones policíacas para brindar seguridad a la población. En este contexto, se da la nota sobre que la noche del martes se reunieron once grupos de autodefensas de la región oriente con el fiscal Javier Pérez Durón… Es que los políticos suelen ser “todólogos”, expertos en nada y a la vez “conocedores” de todo, así que cualquier tema les acomoda. Relativamente viejo el caso de las autodefensas en Guerrero y Michoacán, de ellas se ha escrito toneladas de papel. Pero, ¿las han leído los dichos opinantes? ¿Han ido más allá de Iguala y de Toluca? Dos perlitas: Kilómetros adelante de la caseta de Chilpancingo está el señalamiento: “Tierra Colorada”, y rodando en la carretera federal que lleva a Acapulco, el pueblito Plan de Limas donde se almuerza un trozo de cecina guerrerense, salsa molcajeteada de chile costeño o un trozo de venado, pedido éste a la mesera en voz baja pues “está prohibido”. Pocos minutos después, Tierra Colorada, cabecera del municipio de Juan R. Escudero, y de ahí a la Costa Chica tomando el atajo que pasa por Ayutla de los Libres y desemboca en Cruz Grande. Calor, palmeras, olor a yodo y el Pacífico dorado, ostiones en Playa Ventura y las tortillas de masa amartajada en Marquelia. La Costa Chica de las chilenas del pinotepeño Álvaro Carrillo (“El Bravero”) y del sanmarqueño Tadeo Arredondo (“Atolito con el dedo”), el trópico que no es idílico para la gente de comunidades ancestralmente marginadas. Allí, en  marzo de  marzo 2013 las autodefensas armadas comenzaban a fortalecerse… Michoacán, 15 de diciembre de 2014. Seis horas duró la balacera entre fuerzas rurales (ex autodefensas) y autodefensas en La Ruana que dejó once muertos, de los cuales cinco eran del bando de Hipólito Mora, líder de la Policía Rural en La Ruana, y seis de  Luis Antonio Torres conocido como “Simón” o “El Americano”, ex jefe de las autodefensas de Buenavista y luego perteneciente a la Fuerza Rural. En medio de las balas, en un noticiero de alcance nacional Mora confirmó que su hijo mayor, Manuel, murió en el enfrentamiento. A esa hora aseguró que ya había alrededor de cinco muertos. Un año antes, grupos de civiles comenzaban a armarse. Los primeros surgieron en febrero de 2013 en pueblos de La Ruana y Tepalcatepec de los límites de Michoacán con Jalisco, conformados por  agricultores y ganaderos a los que el cártel de Los Caballeros Templarios extorsionaba, secuestraba asesinaba, despojaba de sus propiedades. Un año después, más de treinta  comunidades de veinte municipios ya habían creado sus autodefensas. El problema acaparó la atención nacional durante el primer año de gobierno de Enrique Peña Nieto, que envió como su comisionado especial para la seguridad de Michoacán al “virrey” Alfredo Castillo Cervantes. Sin embargo, en términos generales las cosas siguieron más o menos igual, la inseguridad de los michoacanos disminuyó pero no terminó y sólo cambiaron relativamente en febrero del año pasado cuando la Policía Federal capturó a  Servando Gómez, “La Tuta”. Desmembradas, convertidas en fuerzas rurales del gobierno, las autodefensas purépechas dejaron las armas pero no así sus similares de Guerrero. Guardadas las proporciones que son abismales, esta es la diferencia: en Morelos hay comités vecinales de vigilancia que reportan a la autoridad situaciones sospechosas a la autoridad. Tres años lleva ya el denominado Grupo Relámpago, de Tetela del Volcán. Provistos sus integrantes de radios y teléfonos celulares, no están armados. Grupos civiles se organizan en localidades de la región oriente, que se sepa, también sin armas… ME LEEN EL DOMINGO.

Atril
José Manuel Pérez Durán

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