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Llega el inspector de Protección Civil a la fonda, al restaurante modesto o pomadoso, al taller mecánico y a cuanto establecimiento esté obligado a procurar la seguridad de sus clientes. Como no está el patrón, avisa que regresará otro día para revisar las instalaciones de gas y electricidad, que estén en buen estado los extintores y, si es el caso, verificar salidas de emergencia. El servidor público ha aplicado el típico “calambre” que antecede a la “mordida” que en cambio no asesta en los puestos de fritangas de calles, tianguis y mercados donde los cilindros de gas y mangueras peligrosas son la constante… El inspector de Gobernación se presenta en el antro o el restaurante que vende bebidas alcohólicas, sabe que para ello no tiene licencia o que el uso del suelo del domicilio no es comercial sino habitacional, se lleva “lo suyo” y regresará dentro de una semana o un mes… Se apersona el inspector de Obras Públicas en la casa en construcción cuyo propietario no sacó los permisos correspondientes, pues implican un proyecto elaborado por un arquitecto, la inscripción de los albañiles en el Seguro Social y otros trámites que significan tiempo y dinero, así que “se arregla” con el funcionario y listo. El mismo método aplica a los “gestores” de sindicatos de albañiles, amenazados los dueños de autoconstrucciones con la huelga de alarifes si no pagan “mordida”... Incesante la edificación de viviendas en la cultura contraria a la normatividad, así surgieron los asentamientos irregulares que, convertidos en colonias dotadas paulatinamente de servicios urbanos (agua potable, luz, telefonía, etc.), continúan creciendo al tiempo de la construcción de casas, no siempre de condición paupérrima, en espacios prohibidos como el Cañón de Lobos, las laderas de barrancas y los bordes de ríos. Tan antigua es la autoconstrucción, que cabe la anécdota: Cierto candidato a la alcaldía de Jiutepec se frotó las manos. Tenía en su equipo de campaña a un inspector de Obras Públicas que lo puso al tanto. Con la construcción de viviendas de propietarios que se iban “por la libre” el presidente municipal aún en funciones estaba haciendo un negocio redondo. Cada uno de los “autoconstruccionistas” pagaba un promedio de mil pesos mensuales de “mordida” para un total de cien mil, el secretario de Obras Públicas se quedaba con una mitad que se repartían él y los inspectores y al alcalde le deslizaba la otra mitad… Así crecieron las manchas urbanas de Cuernavaca y de pueblos del interior. Dos ejemplos: la colonia Rubén  Jaramillo, fundada en el flujo de inmigrantes provenientes de Guerrero y el estado de México que hasta los setenta caracterizaron a Cuernavaca y los municipios conurbados. Acaudillados por Florencio Medrano Mederos, “El Güero”, en 1973 invadieron las colinas del que estaba proyectado para ser el fraccionamiento residencial Villa de las Flores, de uno de los hijos del entonces gobernador Felipe Rivera Crespo. Gente del líder guerrillero Lucio Cabañas, “El Güero” se escapó del Ejército la madrugada del 15 de septiembre de aquel año, buscado infructuosamente en el laberinto de casas de cartón…  Fue por allá de 1977 que el periodista Cristóbal Rojas Romero contó al columnista: “Fuimos a ver a Lázaro Cárdenas y nos dijo: invadan”. De lo que hablaba el desaparecido director del semanario “Presente!” era de la colonia Antonio Barona, y los hermanos Salvador y Enedino Montiel a quienes se refería. Fueron a ver al general Cárdenas, le explicaron que mientras en Cuernavaca muchas familias no tenían casa y pagaban renta en vecindades o vivían “arrimados” con familiares, en tierras comunales de Ahuatepec se proyectaba un fraccionamiento residencial con banquetas y glorietas ya construidas para atraer compradores. El frustrado fraccionamiento para familias adineradas se llamaría “El Ensueño” y, si mal no recuerda el columnista, para la década de los setenta poco se hablaba del apoyo cuasi secreto del divisionario de Jiquilpan cuando pronunció aquella palabra de “invadan” que fructificó en un hecho histórico…  De la irregularidad, de viejos vicios de corrupción trata el Programa “Cero Tolerancia” del Ayuntamiento de Cuernavaca, citados por el alcalde Cuauhtémoc Blanco los establecimientos expendedores de alcohol que carecen de licencias de funcionamiento. Incalculables, dijo, que no existían registros sobre pagos a la Comuna por licencias de funcionamiento y de construcción, del impuesto predial y servicios municipales pero ahora sí son apuntados. ¿Le creemos?.. ME LEEN MAÑANA.

Por: José Manuel Pérez Durán /  [email protected]