Diputada por el partido Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) y aspirante a ser alcaldesa de Cuernavaca, Alejandra Flores Espinoza exhortó a los 36 ayuntamientos de Morelos para que “sea apegada a derecho” la expedición de constancias de residencia a los aspirantes a puestos de elección popular. Dicho de la manera espinosa que no fue planteado por el temor de la flor temerosa: para que no se repitan fraudes como el cometido a los electores de la capital por medio de una constancia de residencia mentirosa. Señaló que el 2 de este mes arrancaron las precampañas y en febrero próximo el registro de los candidatos que contendrán en los comicios de junio. Obligados los aspirantes a cumplir lo marcado por la Ley Orgánica Municipal del Estado de Morelos para la obtención de la dicha constancia, subrayó que las autoridades municipales tienen la obligación de denunciar ante la Fiscalía Especializada en Combate a la Corrupción cualquier violación a la ley en la que incurran los pretendientes a puestos de elección popular al obtener la susodicha constancia de residencia. Cierto, lo que falta es que cumplan… La historia: Despuntaba el ‘82 y los políticos andaban locos. “Tengo un acta de Jonacatepec que me hace nativo de Morelos”, presumió el fuereño que pretendía un cargo de elección popular. Era uno de los chilangos que seis años atrás habían llegado para el saqueo con el gobernador Armando León Bejarano. Todos lo sabíamos, así que en una de esas los reporteros lo cuestionamos en una entrevista de banqueta. ¿Cómo era posible que un político foráneo quisiera ser diputado si la Constitución de Morelos establecía que todos los candidatos deberían haber nacido en esta entidad, desde regidores hasta el gobernador, pasando por presidentes municipales y legisladores? Pero entonces como hoy los políticos forasteros pecaban de cínicos, no se molestaban recurriendo al amparo federal, simplemente le pedían a algún alcalde cómplice un acta de nacimiento extemporánea de Morelos y listo: ya podían ser candidatos. De aquella generación de políticos subsisten varios que nacieron en otros estados y se volvieron “morelenses” consiguiendo esas actas de nacimiento chafas con las que fueron diputados o ediles y muy probablemente, porque entonces se podía, obtuvieron pasaportes a partir de las actas de marras… La anécdota: En el viejo PRI el candidato a gobernador era tácitamente gobernador. Los nominados por cualesquiera otros partidos no tenían ninguna posibilidad de ganar la elección. Si no ganaba, el partido oficial arrebataba. Huelgan los nombres, la ubicación del tiempo los insinúa: La madrugada previa al inicio de la elección, el gobernador inminente hizo un recorrido por locales preestablecidos para cruzar las boletas electorales que horas después serían retacadas en las urnas. Las calles estaban solitarias, aún faltaban horas para que saliera el sol. Acompañado el cuasi mandatario estatal del ayudante de todas sus confianzas, éste tocó la cortina metálica de una carpintería habilitada como escondite en cuyo interior un “operador electoral” cruzaba un altero de boletas a favor del candidato del PRI a gobernador. Afuera, la oscuridad destacaba una línea de luz entre la cortina y el piso. El ayudante tocó varias veces. Silencio, nadie contestaba hasta que el ayudante reclamó: “¡Abre, pendejo, aquí está el señor candidato!”. Pero el “mapache” condicionó: “A ver, que diga cómo se llama su mamá”. Cuando por fin levantó la cortina y abrió, el candidato lo felicitó por desconfiado y “hacer bien su trabajo”. Tan no era pendejo como le acababa de decir el ayudante, que semanas después fue premiado con una “chamba” jugosa por el nuevo señor gobernador… (Me leen después).

Por JOSÉ MANUEL PÉREZ DURÁN /  jmperezduran@hotmail.com