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Al ser Rodolfo García Aragón uno de los abogados más conocidos de Cuernavaca, su desaparición y muerte corrió en las redes sociales, es noticia destacada en medios impresos y electrónicos, preocupa a litigantes y al gobierno. Activado este martes el protocolo de búsqueda y localización por parte de la Fiscalía General del Estado, se informó que el mediodía del lunes fue visto por última vez conduciendo su motoneta en la intersección de Gobernadores y Poder Legislativo. Tenía 63 años, era diabético, padecía un mal cardíaco así que usaba un parche de nitroglicerina. Rodolfo se podría haber dirigido a su despacho de la colonia Amatitlán, donde el 25 de julio del año pasado fue asesinado su socio Vicente Albarrán Gómez. Vuelta riesgosa la profesión del abogado litigante, el 7 de marzo de 2013 un asesino solitario les quitó la vida al penalista Miguel Ángel Pizar Bernal y a una contadora apellidada Urióstegui, en su oficina del tercer piso de la Plaza San Agustín que se localiza en la de la esquina de Las Casas y Leyva. Sólo seis meses antes, el 4 de septiembre de 2012 el gremio se estremeció por el atentado a Manuel Antonio Lavín Flores, de 76 años, herido de gravedad por uno de dos o tres pistoleros que irrumpieron en su oficina de la bajada de  Humboldt. Impunes hasta hoy las muertes de Albarrán, Pizar y Urióstegui, también la de García Aragón mostró el típico sello de la ejecución. Algo preocupante, muy preocupante... ENVALENTONADOS, los permisionarios de rutas olvidan un pequeño “detalle”: las concesiones no son suyas, son del Gobierno Estatal, puede cancelárselas y causales hay para ello, por ejemplo, la prestación del servicio en microbuses y combis carcachas que por lo tanto son peligrosos para la seguridad de los usuarios, o que no respetan el descuento en el precio del pasaje a las personas de la tercera edad. Cancelar o “congelar”, como en los inicios de los ochenta hizo el gobernador Lauro Ortega  con las concesiones del pulpo camionero de Jesús Escudero y Enrique Ramos Cepeda por oponerse a la implantación del sistema de transporte colectivo del cual nacieron, precisamente,  las rutas. Las  metió al refrigerador, a poco de dejar la gubernatura las descongeló y los titulares, que no propietarios, aprendieron la lección. No como ahora. ¿Quién es gobierno: los ruteros o el propio gobierno? “Mandón”, Dagoberto Rivera Jaimes, presidente de la autollamada  Federación Auténtica del Transporte, amenaza “movilizar” a sus huestes si la nueva Ley de Movilidad y Transporte aprueba la instauración del Morebús. No agarraron la onda o fingieron que no captaron el mensaje del gobernador Graco Ramírez cuando apenas en la inauguración de las instalaciones de la Secretaría de Movilidad subrayó como un acto posible la cancelación de concesiones a los permisionarios opuestos al Morebús. Y el fondo del tema: ¿qué prefieren los usuarios? ¿Las rutas, inseguras, viejas la mayoría, o desplazarse en autobuses nuevos, cómodos, seguros?.. LOS cuernavacenses soportan pero no dejan de indignarse. No Reelección: puestos de tacos de canasta en las banqueta, bolsas de plástico sucias colgadas de la pared, banquetas y guarniciones destruidas, pavimento cacarizo, atestado de baches; marañas de cables de luz, telefonía y televisión, hedor a orines en la entrada del estacionamiento del  Congreso, y mugre, mucha mugre. Igual en Degollado, Tepetates y de hecho en todo el centro histórico, incluida la calle Guerrero, remodelada, adoquinada, libre del cablerío que pendía de postes y fachadas, pintadas éstas de colores uniformes pero también sucia, con muy pocos botes para la basura y gente, mucha gente, tirándola en el piso. El Jardín Juárez y la Plaza de Armas no son, tampoco, ejemplos de limpieza y orden. Voraces, los  dueños del edificio Las Plazas rentaron los pasillos, que son públicos, de la ciudad, pues, para changarros que dificultan el tránsito de los peatones que deben bajar de la banqueta de La Universal para no ser arrollados por el “trenecito”, exponiéndose a que algún coche se los lleve de corbata. Hace tantos años que el centro no es desrratizado, que las nuevas generaciones ignoran que ahí las ratas eran envenenadas de cuando en cuando. Pero ninguna autoridad dice o hace nada. Es el recorrido de miles de cuernavacenses, diario, obligado, que no se ha atrevido hacer el alcalde Cuauhtémoc Blanco. Porque sigue sin conocer a Cuernavaca,  porque tiene miedo o simplemente no le importa… ME LEEN MAÑANA.

Por: José Manuel Pérez Durán / [email protected]