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Encapsulado por una escolta de militares y dos meses después  sustituida por policías federales habida cuenta el motivo de seguridad que en las situaciones de famosos es comprensible, el de Cuauhtémoc Blanco resultó un gobierno cerrado a la sociedad. No le da la cara al pueblo más que en actos maquillados para la foto, huye literalmente cuando se ve “acosado” como hizo en la sede del Ayuntamiento (el ex hotel Papagayo) escurriéndose por la puerta de la calle Nezahualcóyotl que comunica al que fuera el restaurante Baalbek con salida al estacionamiento de Galeana para evadir al grupo de viejitos que protestaban contra el impuesto predial y reclamaban su presencia. Manejado por el clan de los Yáñez que lo contrató para que fuera candidato, altanero su desplante a los diputados integrantes de la Junta Política y de Gobierno (JPG) que dejó “plantados” el lunes 14 de marzo porque estaba crudo, la especie corrió como reguero de pólvora en las redes sociales y “El Cuau” no la desmintió. Americanista de hueso crema, había festejado el resultado del clásico futbolero de 2-1 versus el Guadalajara poniéndose una papalina de “agarra pollos” que a la mañana siguiente le impidió estar en condiciones “físicas y atléticas” para acudir a su cita en la sede Legislativa de Matamoros y tratar el tema del refinanciamiento de la Comuna. Pasó una semana y los diputados seguían esperándolo, sentados para no cansarse, sabedores de la informalidad del presidente municipal al punto que  la presidenta de la JPG, Hortensia Figueroa, insistió en que si deseaba que le fuera aprobado el refinanciamiento debería acudir personalmente a hacer la solicitud oficial. Pregunté entonces: ¿de cuánto es la “droga” que le heredó el ex edil Jorge Morales Barud? Hortensia tiene la información, así que el monto que citó debe ser exacto: mil 600 millones de pesos; pero el ex futbolista parece no saberlo, en febrero dijo que mil 413 millones, seis meses después de que en agosto el en ese momento secretario del Ayuntamiento, Enrique Paredes Sotelo, había mencionado la cifra de mil 200 millones de pesos en el acto de la Instalación de las comisiones de enlace del proceso de entrega-recepción. El dato preciso sería lo de menos si no fuera porque Cuauhtémoc da muestras de ignorarlo, acaso porque la deuda que le fue reportada fue menor a la real o porque le importa más lo vano que Cuernavaca. Para que un ayuntamiento contrate deuda bancaria cuyo pago no rebase el trienio de gestión se supone que basta con que el cabildo apruebe la propuesta del presidente municipal. Echando por delante a Cuauhtémoc, esto es aparentemente lo que pretenden los Yáñez y el “vicepresidente” José Manuel Sánz, el español que llegó para los negocios de su “reconquista” y al igual que su representado nada tienen que ver con la identidad de los cuernavacenses. Así le darían la vuelta al Congreso Estatal, innecesario el visto bueno de los diputados para la autorización del nuevo endeudamiento aunque su pago comprometa las participaciones federales por lo que resta del trienio y que para la actual administración municipal no signifique una solución de fondo sino un paliativo. Peor aún: manejándose en la opacidad como han venido haciendo, con dinero bajo su control Sánz y los Yáñez son un peligro para Cuernavaca. Cuauhtémoc y sus titiriteros no han informado a los cuernavacenses, con datos transparentes y comprobables, de dónde salió el dinero para los camiones nuevos de la basura ni sobre las “empresas altruistas” que supuestamente “donaron” los trabajos de repavimentación en Domingo Diez, Palmira y demás arterias. Por eso la gente con dos dedos de frente sospecha: “aquí hay gato encerrado”. Genio y figura hasta la sepultura, Cuauhtémoc suele suspender las sesiones de cabildo sin previo aviso a los regidores. Les hace desaires, les falta al respeto, resignados a  aguantarse pues les falta dignidad o pecan de mansos. Pero ya que en realidad a la gente común poco o nada le interesan los regidores, sí le importa la manera de gobernar de este ex futbolista a quien uno de esos accidentes de la política convirtió en presidente municipal de Cuernavaca. Algún regidor podría decirle: respeta para que seas respetado, o repetirle esto que dijo el escritor estadounidense Samuel Langhorne Clemens que firmaba con el seudónimo Mark Twain: “Dentro de veinte años te arrepentirás más de las cosas que no hiciste que de las que llegaste a hacer”. Pero no tiene caso. Como se dice en el circo: chango viejo no aprende maroma nueva… ME LEEN MAÑANA.  
 

Por:  José Manuel Pérez Durán  /  [email protected]