Las cajeras de bancos no se dan abasto, apenas acaban de atender uno y ya se acerca otro. Variada la gama de personas que esperan, hay señoras y señores, jóvenes y viejos, empleados y dueños de negocios, clientes habituales que saludan por sus nombres al personal. Gorras y lentes oscuros están prohibidos. ¿Y de qué sirve? También recibir o hacer llamadas por el celular. Sin embargo, muchos los usan, “watsapean”, checan sus “feices”. Eso parece. ¿Pero qué tal si la muchacha que aparentemente teclea un mensaje inocuo, en realidad le está avisando a su cómplice que un señor acaba de retirar una fuerte suma? Le estará describiendo a la víctima en curso, hombre o mujer; su edad aproximada, si es alto, chaparro o de estatura regular; cómo va vestido, los colores del pantalón y la camisa, si del banco ha salido solo o acompañado. Todos los datos para que los bandidos no fallen el golpe. Desprevenido, el objetivo es interceptado cerca del banco si caminando va a abordar su automóvil, o seguido cuando ya conduce y lo agarran cuadras adelante. Los asaltantes lo amedrentan con sus armas, le arrebatan el dinero, huyen en un vehículo usualmente con reporte de robo y nada han podido hacer los testigos para evitar el atraco, pues temen por sus vidas. Sucede frecuentemente; hace meses que viene ocurriendo, con más los fines de semana cuando tanta gente necesita efectivo. Tarde del viernes pasado. Minutos después de retirar un fajo de billetes en la sucursal de Bancomer de la avenida Domingo Diez, varios sujetos armados se lo quitan. Al día siguiente, dos empistolados le roban a un masculino 28 mil pesos que acababa de sacar de Bancomer, en Las Palmas. El modus operandi de los asaltantes a cuentahabientes sólo lo desconocen quienes viven en otro mundo. ¿Y la policía? Alberto Capella, comisionado estatal de Seguridad Pública, ha aconsejado a los clientes de bancos que cuando se dispongan a retirar dinero soliciten un policía para que los acompañe. Pero, ¿quién confía en la policía? La gente es naturalmente perspicaz, sospecha que los asaltantes tienen cómplices en los bancos, ven con recelo a los policías, así que los robos continuarán… ¿hasta que los cuentahabientes decidan armarse o se hagan acompañar por soldados del Ejército que sí les merece un poco de confianza?.. LO siguiente nomás ocurre en un mundo al revés o en la cosa política: que el dirigente de permisionarios ruteros, Dagoberto Rivera Jaimes, “amenace” a los usuarios con no cambiar los microbuses chatarra por nuevos en tanto el gobierno insista en “imponer” el Morebús… Que el secretario de Transporte y Movilidad, Jorge Messeguer Guillén, sea visto en Morena disputando la candidatura a gobernador, no obstante el video en el que aclara que no abandonará al PRD, al que entró hace ya 27 años, por el cual fue diputado a la LXIII Legislatura hace 17 y candidato a la alcaldía de Cuernavaca en la elección anterior… Que, aspirante priista a la gubernatura, Jorge Meade Ocaranza presuma con sombrero ajeno seguros de vida a 996 niños huérfanos por parte de la delegación de la Sedesol por él encabezada todavía. Lo que no es gracia ni mérito personal, sino un programa para ello establecido en oficinas centrales… Que, inevitables las molestias aunque necesarias para Cuernavaca las obras del Gobierno Estatal en calles clave para el tránsito automotriz del centro histórico, el alcalde Cuauhtémoc Blanco Bravo no tenga las agallas para abrir al tránsito de automotores la calle Guerrero. Cerrada al paso de coches particulares y taxis, va para dos años que entorpeció el tráfico, hecho nudo en Rayón y Galeana, pero sin que al ex futbolista le caiga el veinte que es su obligación procurar el funcionamiento de la ciudad… Que el director general del Instituto Mexicano del Seguro Social, Mikel Andoni Arriola Peñaloza, venga a presumir la afiliación de 40 mil productores de caña y la inversión de 58 millones de pesos para ampliar el área de urgencias del hospital de Zacatepec, remodelar quirófanos del de Cuernavaca, restaurar el de Yautepec y duplicar el número de camas en el de Cuautla. Bien pero insuficiente. Por un lado, porque, rebasada hace años la capacidad de atención del IMSS, Morelos necesita uno o dos nosocomios del tamaño del de Plan de Ayala. Y por otro, cuando por tantos años los sucesivos delegados han sido culpables de omisión por el hecho de que miles y miles de trabajadores no tengan seguro: choferes de rutas y taxis, empleados de puestos en tianguis, mercados y el centro comercial Adolfo López Mateos, etc., etc... ME LEEN MAÑANA.  

Por: José Manuel Pérez Durán /  [email protected]

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