¿Cuándo se acorrientó la política que era considerada casi un arte? Los priístas dicen que cuando los panistas llegaron al poder, y éstos, que desde el sistema monopartidista con la tajadita del pastel a la oposición simulada, proscrita la oposición auténtica. ¿Y cuándo se perdieron los niveles? Con Vicente Fox, cuya ignorancia de la historia y sumisión al gobierno de Estados Unidos lo llevó a tutear a Fidel Castro, pidiéndole que viniera a México, cenara y se fuera pero que, por favor, no hiciera declaración alguna que contrariara a George Bush. O Sergio Estrada Cajigal, vuelto primero alcalde y en seguida gobernador por el apellido de abolengo político, el hartazgo social contra el PRI, pero sobre todo, el golpe de suerte inusitado de sacarse “el gordo” sin comprar billete. Y más atrás, en los setenta del “dedazo” presidencial, la anécdota de que don Ernesto Ocampo, el popular comerciante del lápiz en la oreja, bromeaba con que también él quería ser alcalde de Cuernavaca “porque si Felipe (Rivera Crespo) pudo, por qué yo no”. Nada, pues, de qué extrañarse, diluidos los niveles en el lodo de la mediocridad, pobres las trayectorias y relativas las experiencias de muchos que dicen que quieren ser gobernador. Afirman que de veras aspiran y, colmados de auto elogios, se asumen intachables, repiten el discurso inverosímil: “Quiero ser gobernador para servir al estado, no para servirme”. “Yo no había pensado ‘en eso’, pero mis amigos, que son muchos, me han pedido que participe”. Están los amnésicos voluntarios, pensando que las generaciones viejas de Morelos y Cuernavaca ya olvidaron que cuando ocuparon algún puesto público robaron a manos llenas. Los trapecistas, que en el pasado se burlaron de sus compañeros de partido, mudándose a otro u ocupando cargos en administraciones del partido distinto al propio pero con el atractivo del poder. O los desconocidos por los votantes y en sus propios partidos, que se fueron por años y regresan ante la expectativa del cambio de colores que los coloque en alguna chamba. Muchos usan la “estrategia” de asegurar que tiran arriba con la intención de “pescar” algo abajo: la senaduría, la diputación, etc. Para los advenedizos, lo de menos es el trabajo de partido y la cercanía con la gente, suplidas la incongruencia política y la deslealtad partidista por el “yo quiero ser gobernador”, y eso es más que suficiente… En el proceso electoral hay dos clases de tiempos: el oficial y el real. Para las campañas de los candidatos formales falta cosa de un semestre, pero hace meses que los aspirantes se adelantaron. Pretendientes a las nominaciones de alcaldes, diputados locales y federales también se movilizan en ciudades, pueblos y colonias del interior. Los modos de la política no cambian, acaso con algunas variantes leves esta vez. Cíclicos los tiempos, algunos problemas resultan recurrentes. Ejemplo: los municipios de la zona conurbada estaban separados por sembradíos de caña, maíz y arroz. Cuernavaca llegaba al Polvorín y al hospital del IMSS de Plan de Ayala. Otro tanto ocurría en Cuautla, que acabaría pegado a la Villa de Ayala, y Jojutla, al que la explosión demográfica adhirió a Tlaquiltenango y Zacatepec. Pero si fue hasta los ochenta cuando el discurso oficial empezó a advertir el desorden del crecimiento de las manchas urbanas, el tema no pasó de planes elaborados por especialistas jamás ejecutados. A lo largo y ancho del estado continúa la venta de tierras ejidales y comunales para la instalación de negocios y la edificación formal o informal de viviendas. La aplicación de soluciones ya no puede esperar. Hace años que de esto se viene hablando. O de la inseguridad, puesta en la nota roja que saludó la atmósfera política de la tercera semana de octubre de 2012: Treinta y cuatro ejecutados durante las tres semanas de ese mes (el doble de septiembre y agosto, cuando cada uno habían registrado treinta), más 36 feminicidios en lo que iba del año y 37 asaltos a sucursales bancarias resumieron el estado de inseguridad en el que se hallaba atrapado Morelos. No a la baja y sí crecientes los índices delincuenciales, así empezaba a correr el primer mes del sexenio de Graco Ramírez, significativa la declaración de éste en el sentido de que “en su momento se procederá legalmente contra quien entregó la plaza a un grupo del crimen organizado, que lo autorizó, o permitió o no quiso saber nada del tema”. ¿A quién se refirió? ¿A autoridades del área de Seguridad Pública? No lo dijo. Naturalmente no entró en detalles… ME  LEEN MAÑANA.

Por: José Manuel Pérez Durán / [email protected]

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