Un acuerdo que destrabe el caso Temixco sería que la presidencia municipal no sea ni para Irma Camacho ni para Juana Ocampo, sino poniendo una tercera ajena a los grupos en pugna. Pero dado que no es posible que el Congreso Estatal le haga al Salomón, dictando una sentencia de ni para Dios ni para el diablo pues electa fue Irma en junio como suplente de Gisela Mota –la alcaldesa asesinada el 2 de enero, apenas un día después de haber tomado posesión–, la solución avizorada es simplemente política: repartir puestos a los dos bandos que en este sentido ya parecen concordar a través de una negociación que podría concretarse esta misma semana. Pretextado el “análisis” como la forma de ganar tiempo por la Comisión de  Gobernación y Gran Jurado y para los hechos por los diputados mediadores Mario Chávez Ortega, Víctor Manuel Caballero Solano,  Enrique Laffitte e Silvia Irma Marín, ésta última rechazada por el grupo de doña Juana, una parte del acuerdo asignaría cargos a Carlos Caltenco Serrano y Anastasio Solís Lezo,  a quienes respectivamente la edilesa extinta ya había nombrado secretario general y asesor. Sugerida la presidencia del DIF para la señora Ocampo, trasciende un actor que no estaba en “la jugada” para la Secretaría de Seguridad Pública, el de un conocido por los políticos temixquenses de la vieja guardia como vecino de ahí mismo, capitán retirado del Ejército, policía profesional que desempeñó puestos de mando en Morelos y en Acapulco e incluso alguna vez “sonó” para alcalde del municipio vecino. El nombre luego se los digo… EN LA “cultura” del abuso de lo que se trata es de joder al prójimo, de quitarle tiempo y dinero. ¿A poco no? El contador está “educado” para jinetear la lana ajena, la letra chiquita de los contratos es para evadir pagos y responsabilidades del pez grande que se come al pececito, el monopolio telefónico inventa llamadas que paga el cliente y engordan la cartera de uno de los hombres más ricos del mundo, y en eso de sacarle la plata a quien se deje los banqueros se pintan solos. Se nota que intercambia bases de datos, usan los propios o los toman de otras fuentes para telefonear a cuentahabientes e irrumpir arbitrariamente en ámbitos privados. Operan sin el consentimiento de los destinatarios y con la omisión de la autoridad. Cabinas de empleados mal pagados y para ello entrenados ofrecen tarjetas de crédito, seguros de vida, de gastos médicos, de coches, y siendo tantas las llamadas muchos incautos caen atraídos por los “pagos chiquitos” y argumentos convincentes. Otros casos despiden un tufo de negocios por debajo de la mesa. Ejemplo: el dueño de un taxi robado tiene el cheque de la compañía que le vendió la empresa aseguradora. Lo ha conseguido no sin pocos trabajos, tras semanas o meses de que reportó el robo en la Fiscalía de Justicia y llevó los papeles a la compañía de seguros. Es típico que el ajustador se la hizo “cansada”, pretextó la autorización de su jefe para empezar el trámite del pago del seguro y el jefe anónimo trajo dando vueltas al cliente so pretexto de que su asunto depende de la aprobación de la oficina radicada en la Ciudad de México. El concesionario fue y vino, pidió la asesoría del “gestor” del sitio de taxis, gastó suela y tiempo y cuando al fin recibe el cheque resulta  relativa la “cobertura total” por la cual pagó pues el coche que le fue hurtado no le será pagado a valor comercial, sino rebajado el precio un quince o veinte por ciento en el famoso “libro azul”. Pero algo recuperará; peor sería nada. Todos los taxis deben estar asegurados, miles en la zona conurbada de Cuernavaca y miles más en el resto del territorio estatal, y  como a diario se los roban, sobre todo Tsurus, las primas cuestan un ojo de la cara. Después de que la víctima de la delincuencia logra superar la tramitología de la compañía aseguradora y está a punto de recibir el cheque, el banco lo acosa para que compre un seguro de gastos médicos, cómodo, en abonos mensuales, descontado automáticamente el primero al momento de hacerle efectivo el cheque no endosable. Las compañías aseguradoras y los bancos están en el medio del transporte público. Permisionarios de autos de alquiler y ajustadores de sitios pagados para que hagan trámites diversos sospechan negocios turbios de compañías que tienen asegurados taxis de Cuernavaca y el interior. Pero poco pueden hacer. Recurrir a la Comisión Nacional para la Protección y Defensa de los Usuarios de Servicios Financieros es como volver a empezar. ¡Viva la impunidad!.. ME LEEN MAÑANA.

Por: José Manuel Pérez Durán