Una sola obra en construcción que arrasa varios árboles, en un fraccionamiento residencial o colonia popular, parecería pecata minuta si no fuera porque esta constante de la “desforestación hormiga” significa daños irreversibles al medio ambiente. Los números redondos, y aquí aproximados, corresponden al Instituto Nacional de Geografía y Estadística. En el municipio de Huitizilac hay unos 17 mil habitantes, pero sólo la tercera parte tiene trabajo, 6 mil desempeñan las principales situaciones de ocupación (empleados, obreros, jornaleros, peones, patrones y trabajadores por su cuenta). No obstante, otros rubros de ocupación laboral, como trabajadores en espacios familiares o actividades no especificadas, resaltan a Huitzilac como uno de los municipios con menor tasa de desempleo en el estado de Morelos, por el trabajo del campo, el comercio (los restaurantes carreteros de añeja tradición), la servidumbre en “quintas” finsemaneras de los treinta y tantos fraccionamientos, colonias y parajes campestres... y la tala clandestina de sus bosques. Lo cual nos lleva a otros números. Un señalamiento de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales resalta que en México la ilegal es motivo del 8 por ciento de la pérdida de bosques y selvas. Y esto es auspiciado por el mismo gobierno, que compra madera obtenida ilícitamente. Ha sido así que, estando la humanidad frente a un problema de supervivencia, nuestro país se acerca al quinto lugar en la tasa de desforestación más grave del planeta, sólo superado por Brasil, Indonesia, Sudán y Zambia. Esto significa que en México cada minuto desaparece una superficie boscosa del tamaño de dos canchas de fútbol. O que cada hora los mexicanos perdemos bosques equivalentes a 23 veces las dimensiones del Zócalo de la Ciudad de México. En esta proporción es la pérdida de bosques en Morelos. Las cifras están resumidas por Greenpace con la advertencia ominosa de que, de no asumir el gobierno este problema con políticas eficaces y gran responsabilidad, en los próximos cuarenta años habrán desaparecido los bosques y las selvas de México. ¿Una exageración? Aterciopeladas las estadísticas oficiales, chocan con las de la agrupación ambientalista, lo cual ha reflejado la indiferencia del gobierno y sus políticas con respecto a los bosques. El hecho es que la gente de Cuernavaca tiene hoy día menos agua que hace pocos años, y ésta es otra de las consecuencias nefastas de la desforestación. Dos terceras partes del agua que consumimos los mexicanos provienen de los bosques y las selvas, pero la desaparición de estos ecosistemas agrava la escasez del vital líquido e incrementa la erosión del suelo por efectos del viento y la lluvia que propician deslaves de tierra e inundaciones en las partes bajas. Una más: la pérdida del hábitat ocasionado por la desforestación es la principal causa de la extinción de especies, puesto que los bosques y las selvas son los ecosistemas terrestres más diversos. Esta realidad se agrava en México que, al ser uno de los países con mayor diversidad biológica, pues alberga 10 de cada 100 especies conocidas (plantas, hongos, mamíferos, aves, reptiles, anfibios y peces), se encuentran en peligro de desaparecer. La contundencia de las cifras de este que es un problema de extrema gravedad para el mundo y México, ilustra el fondo del conflicto de Huitzilac, que, siendo añejo y desatendido, de vez en cuando lo colocan en la noticia nacional y estatal, donde se constata que la tala de árboles da ocupación a una buena parte de sus pobladores, así que el problema no terminará con que entren o no policías federales o estatales. Las mafias de talamontes sólo perderán la preponderancia que evidencia de muchos años atrás el día en que los tres niveles de gobierno ataquen el fondo, llevando a Huitzilac las fuentes de empleo que suplan las actividades ilícitas en contra del medio ambiente. Para no ir más lejos, este “incidente” que sucedió la noche del sábado anterior en la cabecera municipal: Un grupo de talamontes ataca a elementos de la Policía Morelos. Están furiosos. Poco antes, en el centro de la población los uniformados les habían quitado un camión en el que transportaban madera. Causan destrozos a dos patrullas, obligan a los policías a que les entreguen el vehículo y rompen los vidrios de las unidades policiacas. Llegan más hombres. Amenazantes, quieren golpearlos. Superados en número, indefensos, los uniformados piden refuerzos a la Comisión Estatal de Seguridad. Y fin de la película. Otra vez la impunidad… (Me leen mañana).

 

José Manuel Pérez Durán
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