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Si de dinero sólo se trata, la recuperación es posible. Están disponibles los recursos del Fondo de Desastres Naturales, instalado ayer, por cierto, el Comité de Evaluación de Daños para la construcción de las viviendas que derribaron los sismos de septiembre. ¿Alcanzarán? Si no, poco tardarán las donaciones de partidos políticos, a regañadientes, obligados por la iniciativa específica y concreta de Andrés Manuel López Obrador. Luego del primer temblor con epicentro en Chiapas y las afectaciones concentradas en Oaxaca, “El Peje” le puso el cascabel al gato: ofreció el 20 por ciento de los recursos 2017 de Morena; brincó alarmado el consejero presidente del Instituto Nacional Electoral, Lorenzo Córdova, juzgando imposibles las donaciones de las organizaciones políticas por ser dinero destinado a fines electorales; tras el segundo sismo con epicentro en Axochiapan (Morelos), el presidente de Morena subió su propuesta al 25 por ciento; el dirigente de Partido Encuentro Social (PES), Hugo Eric Flores, ya había llorado, “aclarando” que los partidos políticos no pueden donar recursos del presupuesto etiquetado para campañas electorales porque de hacerlo “se violaría la ley”. Sin embargo, al final doblaron las manos, los representantes de todos los partidos aceptaron donar para los damnificados y Córdova, que apenas hacía unos días pataleaba, salió a decir que “existen mecanismos jurídicos viables para que los partidos destinen a los damnificados del sismo los recursos que reciben del Estado”. ¿Alcanzarán? Si no, ya hay campañas de donaciones en efectivo de artistas, de deportistas famosos, bancos, empresas comerciales y un largo etcétera. ¿Alcanzarán? Si no, que el gobierno de Enrique Peña Nieto disponga una partecita de la reservas internacionales de México (173,370 millones de dólares) para la reconstrucción. ¿Alcanzarían? Si no, que donen un mes de salario desde el presidente de la República hasta los regidores de los municipios económicamente más modestos, pasando por los gobernadores, los senadores  y los diputados federales y locales, los magistrados de la Suprema Corte de Justicia de la Nación y de los tribunales estatales, jueces y agentes del Ministerio Público  del orden federal y local, los secretarios del gabinete presidencial y de los estados, directivos de paraestatales (CFE, Pemex, Capufe, etc.) y, en fin, la totalidad de la burocracia dorada cuyos miembros disfrutan salarios de cien mil pesos para arriba y en estos días de desgracia nacional no son capaces ni de darle agua al gallo de la pasión. Pero si de cualquier manera recursos suficientes hay para que México se ponga nuevamente de pie, la clave es quién manejará el dinero. El gobierno, pese a la desconfianza social ganada a pulso por la mera figura de gobierno como sinónimo de corrupción e impunidad. Mientras tanto, las confirmaciones del panorama desolador, contabilizados ayer por Protección Civil de la Secretaría de Gobernación 318 decesos (Morelos 73, Puebla 45, estado de México 13, Guerrero 6 y Oaxaca uno) por el sismo del martes pasado, y a nivel estatal reportes como este en Tepoztlán: mil 700 casas dañadas, la mayoría irreparables, y 14 iglesias con algún tipo de afectación. Daños considerables en sus 14 iglesias, que deberá revisar el Instituto Nacional de Antropología e Historia, cerrado al público por cuestiones de seguridad el ex Convento de la Natividad que es patrimonio de la humanidad. O este otro de una comunidad llamada Ocoxaltepec, municipio de Ocuituco, en la que, focalizada la atención en Jojutla, pocos reparan. Ahí, en el cerro de Tepingo el sismo abrió una grieta de dos kilómetros de longitud, 15 metros de profundidad y 60 centímetros de ancho. Debido a que al pie del cerro vivían unas 400 familias, fueron evacuadas a la telesecundaria de la misma localidad. De acuerdo a una declaración del presidente del comisariado de bienes ejidales, Ramos Castillo, quedaron inhabitables todas las viviendas del lugar, aproximadamente seiscientas, el 30% están destruidas y el 55% deberán ser demolidas. Las familias desalojadas pernoctan en el patio de la telesecundaria, donde instalaron carpas, casas de campaña y una cocina. Las mujeres con hijos pequeños ocupan los salones de la escuela para sentir menos frío. Presas de la incertidumbre, dicen haber escuchado que el cerro será dinamitado para que termine la amenaza de que en cualquier momento se deslave. Pero no saben cuándo ni si esto sea cierto, si. La ayuda les llega a cuentagotas. Fue gente de Protección Civil, pero no revisó todas las viviendas… ME LEEN MAÑANA.

Atril
José Manuel Pérez Durán
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