Algún cronista habrá que relate una situación igual o parecida a la que hoy padecen docenas de miles de cuernavacenses que viven en colonias densamente pobladas. Pero no hace falta; les consta a miles de lugareños: la historia de Cuernavaca registra la peor crisis del agua. ¿Cuántas? ¿Cien, doscientas? Cincuenta serían demasiadas. Tras dos semanas de llaves secas, se dice que en la sesión del cabildo de este lunes el alcalde Cuauhtémoc Blanco se atrevió a asegurar que “el 90 por ciento de las colonias tienen abastecimiento del líquido”. Esa fue una expresión grosera, sólo concebible en un presidente municipal vulgar que le falta al respeto a los habitantes de la ciudad que gobierna. Y desesperado, pues algunos regidores le exigieron que renuncie, ya, el director del Sistema de Agua Potable y Alcantarillado de Cuernavaca (SAPAC), José Pérez Torres. Cosa que no resolvería el problema, pero tal vez ayudaría. ¿Nunca como por estos días estuvieron sin agua tantas colonias populares: Lomas de Cortés, Acapantzingo, Lomas de Atzingo, Lomas Tetela, Lázaro Cárdenas, Chipitlán, Teopanzolco, El Vergel, Ocotepec, Satélite, Cerritos Barona, Lomas Chamilpa, Palmira, Maravillas, Santa María, Adolfo López Mateos, la zona del centro y muchos lugares más. Porque el SAPAC le adeuda a la Comisión Federal de Electricidad (CFE) cerca de noventa millones de pesos, así que la paraestatal le sigue cortando la luz a los pozos, treinta de los 82 que bombean el elemento vital, y al no llegar el agua a tantas casas ello  ha alterado la rutina de miles y miles de familias, obligadas a bañarse a jicarazos, esperado ansiosas las pipas enviadas por la Comisión Estatal del Agua en un programa de abastecimiento urgente ordenado por el gobernador Graco Ramírez que inició anteayer en colonias cuyos vecinos cayeron en la angustia, como Acapantzingo, Patios de la Estación, El Vergel y Lomas de Cortes. A los sedientos les importa un bledo que la SAPAC argumente que no tiene dinero suficiente para pagarle a la CFE. Necesitan, les urge que el agua ya salga de las llaves. El organismo acuífero recauda 25 millones de pesos mensuales, pero según el señor Pérez apenas alcanzan para el gasto corriente: salarios del personal (por cierto, en número excesivo); refacciones de los equipos de bombeo, etc. Esto si fuera cierto. Entrevistado anteayer mismo por reporteros, a la pregunta de si saldrá al rescate del SAPAC Graco repuso que no “porque se clavan la lana”, tal y como ya ha sucedido en al menos dos ocasiones. Sin embargo, de la manera que sea resolver el problema es responsabilidad de Cuauhtémoc y de nadie más. Si no a él, que jamás se ha mostrado inteligente, a alguno de sus asesores se les debe ocurrir una solución. Por ejemplo, al tesorero Alejandro Villarreal, escondido del público por pena ajena. Digamos, aconsejándole al ex futbolista que se acerque al secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, para suplicarle que, si de veras “lo quiere”, le pida al director general de la CFE, Jaime Hernández Martínez, que no le siga cortando la luz a las bombas de los pozos de Cuernavaca pues más que en un conflicto político está metido en una bronca social. Y mientras tanto, que el edil plañidero se olvide de los lloriqueos (“’¡déjenme chambear!”, “¡los diputados y Graco me quieren chingar!”…), se asuma humilde y agradecido con los actores políticos que están ayudándole no a él sino a la gente de Cuernavaca, tipo el diputado del Partido Movimiento Ciudadano, Jaime Álvarez Cisneros, que también envía pipas a colonias sedientas, acaloradas. Detenido el juicio político demandado por el Congreso del Estado contra Cuauhtémoc por haber falseado el requisito constitucional de la residencia permanente en nuestra ciudad, cuando en 2015 sus entonces compinches del Partido Socialdemócrata lo postularon candidato a la presidencia municipal, y lento el proceso en la  Fiscalía Especializada de Delitos Electorales versus el mismo personaje por haber presentado documentos apócrifos para obtener su credencial de elector, en ambos casos las causales para la destitución fueron claras. Un asunto político, ciertamente, pero menor en términos de personas afectadas por la escasez de agua a la que, si el responsable es incapaz de hallarle una solución rápida y efectiva, es motivo para que siquiera sea simbólicamente destituido por la sociedad a partir de la evidencia de que si no puede, que renuncie. Razonaba ayer un viejito pensionado que vive en el centro: “Y así quiere ser gobernador!”… ME LEEN MAÑANA.

Por: José Manuel Pérez Durán /  [email protected]

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