De la atmósfera social y política que envuelve estos días y en esencia resulta más importante que el simple estreno de una obra: el mejoramiento de los niveles de seguridad pública al que justo ayer se refirió el gobernador Graco Ramírez. Días diferentes porque en efecto en Morelos no hay alarmas rojas y, en comparación a dos o tres años atrás, a la gente se le ve haciendo más vida nocturna en restaurantes, bares y otros sitios de esparcimiento que no hace mucho tiempo lucían desiertos… Los negritos en el arroz: la cuesta de Gutenberg, cacariza, infestada de baches; No Reelección, la calle más horrenda del primer cuadro de la ciudad, algunos tramos de Galeana, Matamoros, Degollado, boulevard Juárez, Clavijero, Tepetates. El resto bien, incluidos los trechos del Jardín Juárez a Degollado en Guerrero, Rayón, la Plaza de Amas y más que muestran un centro histórico absolutamente distinto al de, por decir algo, treinta años atrás. Y desde ayer el apunte: la inauguración de la sede Legislativa en la colonia El Vergel, dejado, según la versión oficial, inhabitable el viejo edificio de Matamoros por el terremoto del 19 de septiembre pasado, construidos dos edificios sobre un terreno de 28 mil metros cuadrados, el mayor de cinco niveles, otras instalaciones y un estacionamiento para 200 vehículos... Todo ello a propósito del dato oficial sobre la inversión oficial superior a 360 millones de pesos para la nueva sede legislativa que sustituye al Palacio Legislativo que no iba a ser tal, sino Teatro de la Ciudad, para eso proyectado y construido en las últimas semanas del gobierno 1976-82 de Armando León Bejarano pero vuelta parcela del Congreso Estatal por don Lauro Ortega Martínez… Los negritos en el arroz: la cuesta de Gutenberg, cacariza, infestada de baches; No Reelección, la calle más horrenda del primer cuadro de la ciudad, algunos tramos de Galeana, Matamoros, Degollado, boulevard Juárez, Clavijero, Tepetates. El resto bien, incluidos los trechos del Jardín Juárez a Degollado en Guerrero, Rayón, la Plaza de Amas y más que muestran un centro histórico absolutamente distinto al de, por decir un número, treinta años atrás. Como la pongan, en términos de infraestructura urbana la continuidad de la transformación del corazón social y político de la capital de Morelos que viene de mucho tiempo atrás, a saber de casi siete décadas atrás cuando Luis Flores Sobral fue el presidente municipal durante cuya gestión fue modificado el entones llamado Jardín Morelos, en 1950, retiradas las bancas metálicas (algunas subsisten en el Jardín Juárez) y en su lugar empotrado un círculo de asientos de cemento. Con el transcurso de los años, la plaza sufrió otras modificaciones hasta quedar como el Jardín de los Héroes, representados en un laberinto Morelos, Benito Juárez, Miguel Hidalgo, Jaime Nunó y Francisco Bocanegra. Mucho antes, el predio vio de frente al Mercado Colón que desapareció el 15 de septiembre de 1910, al cumplirse el centenario del inicio de la guerra de Independencia de México y ser puesto en servicio el Mercado Municipal (o Del Reloj). A mediados de los sesenta, las estatuas fueron retiradas y enviadas a cabeceras municipales y colonias de la capital, naciendo la Plaza Cívica a la que aún se podía darle vueltas en coche. Pero a fines de los setenta fue otra vez cambiada, esta vez por el gobernador Bejarano. En los albores de 1992, Antonio Riva Palacio efectuó la octava (¿o séptima?) remodelación de la plaza que con el nombre de Jardín Morelos fue inaugurada el 15 de septiembre, anclada en el centro la estatua del “Morelotes” que fue llevada del costado sur del Palacio de Cortés y en 2010 regresada a su sitio original. Reformado en 2011 el lado oriente, la desaparición del Puente del Mariachi amplío la perspectiva de la explanada histórica. ¿Peatonal o vehicular? Tal es la encrucijada en el Zócalo. De hecho, el entorno de la Plaza de Armas hace meses que es semi peatonal, dejado sólo un carril para la circulación vehicular excesivamente estrecho, “toreados los automóviles por los caminantes en Salazar, la bajada de Galeana y la cuesta de Rayón. Ensanchadas las banquetas, quedó muy poco espacio para la circulación de automóviles particulares, cerrada a taxis y rutas la calle que subía del boulevard Juárez por las obras de remozamiento que la convirtieron en “zona de proximidad”. Sin embargo, se ve bien, ausentes los taxis a no ser que lleven pasaje y las rutas que ya no estorban en la calle Guerrero, hermoseadas las banquetas con árboles plantados más o menos maduros y bancas en la acera del edificio Vita Luz. Pero ese es otro rollo, muy distinto al de hace quince años en el corazón del centro histórico de la ciudad, remodeladas paulatinamente a partir del inicio de este siglo las calles Nezahualcóyotl, Hidalgo y Comonfort así como los callejones de Correos y Del Cubo, y meses atrás el tramo de Guerrero entre el edificio Bella Vista y el pasaje Tajonar hasta Degollado. Aquí yace el punto de la discusión, divididas las opiniones entre que vuelva a ser peatonal o reabierta como dictó el sentido común al tránsito de vehículos… (Me leen después).

Por: José Manuel Pérez Durán

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