El sujeto se llama Rodrigo Peña y cobra como delegado de Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano (Sedatu. Dada su chamba, si la desempeña le concierne atender afectaciones del terremoto del 19 de septiembre, pero por lo que se ve no está desquitando el sueldo. Urgido el viernes pasado por damnificados de la colonia Emiliano Zapata de Jojutla a que dé la cara, lo buscaron pero no lo hallaron: se escondió, irresponsable, medroso. Esto le mereció la recriminación del diputado federal panista Javier Bolaños Aguilar, quien exigió que sea clarificada la distribución de los dos mil 500 millones de pesos asignados al Fondo de Reconstrucción para Entidades Federativas señalados en el Presupuesto del Gobierno Federal para este año, porque particularmente en Jojutla hay decenas de familias que no han recibido un solo peso de los 120 mil que les prometieron para que puedan reconstruir sus viviendas. Solicitada por el propio Bolaños con carácter de urgente la intervención de la Comisión Especial para el Seguimiento de la Reconstrucción de la Cámara de Diputados para que sea investigado algún presunto desvío, esto es porque la mula no era arisca, sino porque así la hicieron los golpes al estilo de Rosario Robles, hoy día sospechosa de haber perpetrado una transa multimillonaria en un escándalo del que el presidente Enrique Peña no ha dicho ni pío: ese de que con la ex perredista Robles como la jefaza de la Sedatu esta dependencia provocó un quebranto de 3 mil 855 millones de pesos, al desviarlos de recursos del Programa de Infraestructura al pago de convenios con universidades estatales (entre ellas la de Morelos), programas sectoriales y cuentas bancarias aún sin identificar. Cercado por los guaruras del Estado Mayor Presidencial, en una de esas que venga a Morelos será imposible que una comisión de los damnificados del temblor logre acercarse y hablar con Peña Nieto; también que, lejos de su alcance por cuestiones jerárquicas, ni en sueños el delegado Rodrigo podría llevar el recadito hasta Los Pinos. Entonces, que el PRI-gobierno no llore por a andar en los últimos lugares de todas las encuestas, oficiosas o no, de la contienda presidencial… ECHA a un lado por la política so pretexto, motivo o razón de la seguridad, la Feria de la Primavera no debe morir. Insensible ante las tradiciones de los cuernavacences, al alcalde Cuauhtémoc Blanco no le interesa que se lleve a cabo, pero sí a la gente de Cuernavaca. Esta fiesta que data de los sesenta no debe ser suspendida. Años después llamada De Cuernavaca, en 1965 la Feria de la Flor fue ideada para salvar al Jardín Borda de que fuera reducido a la aberrante condición de hotel. En alguna conversación, el desaparecido historiador López González lo contó más o menos así al columnista: un empresario gringo pretendía hacer del Borda una hospedería de lujo; amenazaba salirse con la suya pues para eso le sobraban dinero e influencias políticas, así que para evitar tal atentado “Don Vale” ideó la Feria de la Flor a instalarla en la que fuera residencia de reposo del minero José de la Borda y casa de descanso del emperador Maximiliano de Habsurgo...  AMBOS abogados, uno asesinado y otro lesionado a balazos la tarde-noche del jueves en la calle Juventino Rosas de la colonia Alta Vista, como en otras ocasiones similares este caso prendió timbres de alerta en la ciudad. Mayo de 2016. Al ser Rodolfo García Aragón uno de los abogados más conocidos de Cuernavaca, su desaparición corrió en las redes sociales, fue noticia destacada en medios impresos y electrónicos, preocupó a litigantes y al gobierno. Activado el protocolo de búsqueda y localización por parte de la Fiscalía General del Estado, se informó que el mediodía del lunes 9 fue visto por última vez conduciendo su motoneta en la intersección de Gobernadores y Poder Legislativo. Tenía 63 años, era diabético y padecía un mal cardíaco, así que usaba un parche de nitroglicerina. Rodolfo se podría haber dirigido a su despacho de la colonia Amatitlán, donde el 25 de julio de 2015 había sido asesinado su socio Vicente Albarrán Gómez. Vuelta riesgosa la profesión del abogado litigante, el 7 de marzo de 2013 un asesino solitario le quitó la vida al penalista Miguel Ángel Pizar Bernal y a una contadora apellidada Urióstegui, en su oficina del tercer piso de la Plaza San Agustín que se localiza en la de la esquina de Las Casas y Leyva. Sólo seis meses antes, el 4 de septiembre de 2012 el gremio se estremeció por el atentado a Manuel Antonio Lavín Flores, de 76 años, herido de gravedad por uno de dos o tres pistoleros que irrumpieron en su oficina de la bajada de Humboldt. Impunes hasta el día de hoy, las muertes de Albarrán, Pizar y Urióstegui tuvieron el típico sello de la ejecución... (Me leen después).

Por: José Manuel Pérez Durán / [email protected]

TAGS EN ESTA NOTA: