Meses atrás, al ex gobernador de Chihuahua, César Duarte Jaquez, se le supo tranquilo, relajado, paseando a su perro en El Paso, Texas. Habiendo otros ex gobernadores en prisión, los mexicanos estábamos seguros de que correría la misma suerte que el otro Duarte, Javier, de Veracruz; o de Tomás Yarrington Ruvalcaba, de Tamaulipas, y más ex mandatarios como por otra parte muy probablemente ocurrirá en el próximo sexenio a gobernadores actuales que hoy no se imaginan vestidos a rayas. Imputado de operaciones con recursos de procedencia ilícita, delito bancario y defraudación fiscal, Duarte Jaquez exhibía su influencia ante el gobierno de Enrique Peña Nieto. Sabía que él no sería alcanzado por el brazo de la ley cuando el poder lo acorta, exonerado por la Procuraduría General de la República justo en estos días preelectorales. Trasladado a la impunidad, el caso del Paso Exprés de Cuernavaca mantiene sereno al director general de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT), Gerardo Ruiz Esparza. Ocho meses después de iniciada la indagatoria sobre los fallos en la construcción del Paso Exprés, este miércoles la Secretaría de la Función Pública  salió con que aún no tiene resultados definitivos sobre los culpables de las irregularidades, así que como suele suceder cuando la corrupción involucra a personas poderosas la cuerda se volverá a romper por más delgado. En este sentido, que se preocupen el ex delegado José Luis Alarcón Ezeta, otros actuales y ex funcionarios de la SCT menores o medianos, pero no los de hasta arriba que supieron perfectamente los porqués del socavón que se abrió en julio de 2017 y provocó la muerte de dos personas. Antes y entonces el Paso Exprés ya era la obra pública más famosa de Cuernavaca, pero no por bien hecha sino todo lo contrario. Ni la autopista del entonces De Efe a nuestra ciudad fue tan mentada en la década de los cincuenta cuando era construida. Gerardo Ruiz cargará con el estigma de haber no sólo consentido, también celebrado y presumido este adefesio, tácitamente así reconocido en diciembre pasado por el delegado de la misma dependencia, Héctor Castañeda Molina, con la “justificación” de que, si en la vida nada es perfecto, el Paso Exprés tampoco lo es. Cinco meses tardaron los trabajos por la reparación del socavón que se abrió el 12 de julio e hizo tristemente célebre a la vialidad de marras por engullir un padre y a su hijo con todo y coche. Si en las posadas de diciembre el diablo no volvió a meter la cola, debieron ser reabiertos los carriles laterales en el tramo Chipitlán-Polvorín. Pero a una lentitud de tortuga coja que hubiera sido lo de menos si los usuarios tuvieran la seguridad de que las reparaciones estaban bien hechas, como ciertos siguen estando hoy día de que los accidentes continuarán hasta que el Paso Mortal sea modificado. Sucederá, pero hasta que Enrique Peña  y Gerardo Ruiz se vayan al basurero de la historia, y lleguen otro presidente de la República y otro jefe de la SCT que ordenen lo lógico de eliminar los cuatro carriles centrales y dejen seis en cada sentido, separados por una sola barrera de contención y con espacio en ambos costados para los acotamientos que los subalternos (¿o socios?) de Ruiz olvidaron, así como accesos y entradas a la ciudad de tamaño amplio, no los callejones súbitos y estrechos que llevan meses provocando alcances, volcaduras y choques a automovilistas y choferes de camiones de carga y de pasajeros. Para eso ya no falta mucho… Mientras tanto, ¿de qué se trata? ¿Estamos los cuernavacenses ante el concurso de la obra más mal hecha? A lo mejor por eso la Secretaría de Obras Públicas del Gobierno Estatal recomendó a la Coordinación de Protección Civil solicite a la SCT y a la empresa constructora Freyssinet de México, S.A. de C.V., que hagan los estudios técnicos necesarios para garantizar la seguridad de los trabajadores y usuarios futuros del puente Apatlaco, donde el 7 de este mes hubo un accidente y varios trabajadores resultaron lesionados. Realizada una inspección, el subsecretario de Infraestructura de Obras Públicas, Víctor Manuel Escobar Lagunas, recomendó someter a un estudio técnico las varillas dobladas para saber si el acero no sufrió variación. O sea, que además del récord de la obra más lentamente construida aquí en lo que va del siglo XXI, el puente de marras vendría siendo el más peligroso, por alto y presuntamente frágil… (Me leen después).

Por: José Manuel Pérez Durán

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