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Dirigentes de concesionarios de rutas opuestos al gobernador Graco Ramírez quisieron destituirlo. Usurparon funciones de gobierno amenazando con una terna para nombrar al sustituto. Operaron en el Congreso del Estado, señaladamente Dagoberto Rivera, de la llamada Federación Auténtica del Transporte. No pudieron sacar a Jorge Messeguer del cargo de secretario de Movilidad y Transporte, pero lograron que éste fuera citado a comparecer ante diputados de la comisión respectiva, el 12 de abril. Poca o regular, subestimaron su inteligencia, tendiéndole una emboscada en la que el compareciente no cayó. Insistieron, fijada la nueva cita para el 20 de este mes a la que Messeguer asegura que llueva o truena asistirá. Obvio: ya que los permisionarios no se compadecerán del compareciente, es de esperarse que el desencuentro sea cercado por un operativo de seguridad policial. Acostumbrados a “cogobernar” en esta que es un área históricamente plagada de intereses, ahora que se lo han impedido los “líderes de rutas” llevan meses muy enojados, de modo que hay que cuidar que no se pongan violentos. Los contraría (“los pone locos”, me dice uno de sus choferes) que no tengan vela en el reparto de concesiones; los molesta el proyecto del Morebús, no soportan que les digan que el que prestan es un servicio de tercer mundo, se resisten a la modernización del transporte de pasajeros y ni hablar de que les den prestaciones sociales a los operadores... Creado el sistema de transporte colectivo hace treinta años para acabar con el pulpo camionero de entones, a la distancia pareciera que salió peor el remedio que la enfermedad. Los habitantes del valle conurbado de Cuernavaca no lo conocemos como tal: le decimos “rutas”, y “combis” en  municipios del oriente y el sur. En el Distrito Federal y estados del interior son los “micros”, por apócope de microbús. Fundado el dicho sistema en 1987 por el siempre bien recordado gobernador Lauro Ortega Martínez, rifó una parte de las concesiones entre choferes de taxis, otras a permisionarios de los antiguos camiones urbanos y otorgó unas más a la CTM y el SNTE para los derroteros obrero y escolar. Convertidos en concesionarios, aquellos taxistas empezaron a trabajar con lo primero que hallaron a la mano: coches a manera de “peseros”, viejos la mayoría, y combis que los usuarios aceptaron de buen talante. Había muerto el llamado pulpo camionero que databa de fines de los setenta, monopolizado por el zar del transporte Jesús Escudero, un multimillonario que había comenzado desde abajo y tenía autobuses de pasaje urbano en Acapulco. Gente, se decía, del cacique guerrerense Rubén Figueroa Figueroa y uno de los permisionarios más fuertes de la Flecha Roja, les compró camiones y concesiones a los dueños de las líneas Chapultepec, Urbanos y Emiliano Zapata. Les pagó pesos a centavos, engañados con el cuento de que ya no tendrían que trabajar más checando a los choferes ni el boletaje y algunos manejando ellos mismos los autobuses trompudos. Cosas que ignoran los políticos jóvenes de hoy, como tampoco saben que el operador político de Escudero fue el luego concesionario Enrique Ramos Cepeda, para ello colocado como subdirector de Transporte en la Dirección de Policía y Tránsito a la que el gobernador Armando León Bejarano trajo al coronel Enrique Corona Morales por una recomendación del presidente José López Portillo. Sin embargo, tras el deceso del pulpo camionero poco tardó en nacer el monstruo rutero, vendidas las concesiones por los taxistas que no supieron manejar el negocio, acaparadas por flotilleros, distribuido el botín entre los presidentes de rutas, revividos los permisos del monopolio extinto de Escudero, y más aún: con parecidos o iguales vicios, explotados los choferes que cubren jornadas superiores a  ocho horas sin prestación laboral alguna y soportado el servicio pésimo por los usuarios que viajan apiñados en microbuses mayoritariamente carcachas y combis de estrechas dimensiones. Pero siendo millonarios, los llamados presidentes de rutas, los autodenominados líderes de las agrupaciones con nombres distintos y procederes iguales así como permisionarios con cinco, diez y hasta veinte concesiones no tienen llenadero. Hoy mismo, tres mil 500 concesiones bailan en la cuerda floja, de taxis “piratas” metidos en un programa de regularización iniciado en 2014 pero combatido en un juzgado federal por 119 transportistas que fueron sacados de la repartición… ME LEEN MAÑANA.

Por: José Manuel Pérez Durán / [email protected]