Trampa letal, el tramo de la carretera federal Cuernavaca-Toluca es uno que al cabo de años ha cobrado cientos de víctimas, unas asesinadas y otras accidentadas. Cueva de lobos apenas se oculta el sol, sinuosa la carretera bordeada por el bosque espeso, en el atajo a la capital mexiquense transitan vehículos de carga, de pasajeros y automotores particulares. Evitando la vuelta por la Ciudad de México, ahorran tiempo pero ponen en riesgo sus vidas. Lo saben los de Cuernavaca, y la gente cautelosa de Huitzilac y de Tres Marías tampoco se atreve a cruzarlo de noche, sabedora de que a quienes conscientemente deciden retar a la suerte su osadía puede costarles la existencia. Ocultos los depredadores, se agazapan en medio de la oscuridad y la soledad de la selva conífera para caer sobre sus presas. Tienen armas largas y cortas, ponen piedras o troncos en la carretera, emboscan a hombres y mujeres, les roban cuanto de valor llevan y a veces los matan. Estos días de 2016 fueron singularmente violentos en Huitzilac. Entre la noche del martes 5 y la madrugada del miércoles 6 de abril, es saqueado el depósito de armas del mando único policíaco; desaparecen unas treinta y por medio de un comunicado la Comisión Estatal de Seguridad confirma la desaparición del armamento e informa que fueron detenidas dos personas que estaban a cargo del depósito. Después, nada… Aún no amanece la madrugada del viernes uno de aquel mes, cuando armados con pistolas tres bandidos asaltan a un chofer en el crucero de Tres Marías. Le quitan dinero, objetos de valor y se llevan el camión de carga que conducía. El lugar está solitario, oscuro, tétrico y por supuesto no hay nadie que auxilie al trabajador del volante. Obligado a caminar varios kilómetros, es hasta las seis de la mañana que ve a una patrulla y pide apoyo a los policías que emprenden la búsqueda mas el camión y los asaltantes ya se han volatizado. De nueva cuenta la impunidad… Dos semanas antes, el domingo 27 marzo dos motociclistas de la Ciudad de México practican motocross en un paraje de Tres Marías. Se divierten, curvean, saltan, dan tumbos, aceleran y desaceleran cuando de improviso son interceptados por cuatro sujetos armados. Los someten, los conducen al bosque en donde les ordenan que se comuniquen con sus familiares para que les digan que están secuestrados y que sólo los soltarán si pagan cuarenta mil pesos de rescate por cada uno. Cuatro horas más tarde, los secuestradores reciben el dinero y dejan libres a los motociclistas, no sin antes advertirles que si los denuncian con la autoridad y los vuelven a ver en su pueblo los “levantarán” otra vez… Volvió a suceder la tarde del domingo pasado, asaltadas tres parejas de motociclistas en las inmediaciones de las lagunas de Zempoala por una gavilla de desalmados que les robaron una de las tres máquinas. A un chico le golpearon la cabeza y le fracturaron una mano, golpeándolo con una piedra; luego supieron que uno de los siete salteadores de caminos fue detenido en Tenancingo, estado de México, a donde se trasladaron y lo identificaron sin lugar a dudas, pero fue dejado en libertad “por falta de pruebas”… En el pueblo de Huitzilac las personas decentes conviven con los malandros, pero no los delatan por temor a sufrir represalias. Territorio ingobernable, la violencia ha campeado históricamente. “Aquí”, le confiaba un lugareño hace veinte años al columnista con la condición del anonimato, “todos sabemos a qué se dedica cada quien. Hay familias que siempre han tenido negocios de barbacoa, muchos siembran maíz y otros se dedican a la madera (tala clandestina). La mayoría de la gente es chambeadora, pero también hay mañosos; los conocemos pero nadie dice nada por miedo”. Y entonces como hoy justifican: “es que en Huitzilac no hay empleos, no tenemos ni una fábrica de nada, no hay tiendas grandes (“súpers”) como en Cuernavaca”. Pues sí: los robos y los asaltos no son nuevos en Huitzilac, tal vez la localidad más insegura de Morelos hace décadas. Regularmente los policías brillan por su ausencia, ocupados los de la Federal de Caminos extorsionando a camioneros en el crucero de Tres Marías, haciendo la vista gorda ante el paso de madera probablemente obtenida de manera ilegal. Insuficientes los gendarmes de la Comisión Estatal de Seguridad Pública, cuando llegan a los escenarios de los atracos es demasiado tarde. Las bandas asaltan, secuestran, talan montes. Impunes los más y apresados de vez en cuando los menos, roban, matan, vejan, imponen el terror… ME LEEN MAÑANA.

Por: José Manuel Pérez Durán /  [email protected]

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