No es lo mismo salir del antro a las doce de la noche que hacerlo hasta el amanecer. Entre más tarde, mayores los riesgos de accidentes vehiculares, de asaltos callejeros o adentro de negocios. Pero siendo obligación del gobernante procurar la integridad física de los gobernados, la autoridad no debería vender “horas extras” a los establecimientos donde se expenden bebidas alcohólicas. La ciudad tiene memoria. A la madrugada violenta del domingo 9 de febrero de 2014, cuando en un bar de la avenida Gobernadores fueron ejecutados a tiros tres muchachos y una chica y en otro antro de Río Mayo hubo una riña con el saldo de un atropellado, la reacción del Ayuntamiento fue inmediata, clausurándolos. Pero hizo más, dos días después el entonces alcalde y en la actualidad candidato a diputado federal por el PRI, Jorge Morales Barud, acordó horarios de funcionamiento para los restaurantes, discotecas, cantabares y establecimientos nocturnos en general que así debieron suspender la venta de alcohol a las dos de la madrugada y ya no amanecerse, mientras el horario de los negocios que venden botellas cerradas (Oxxos, vinaterías, etc.) fue de las 9.00 a.m. a las 23 p.m. De hecho, ya sucedía de esta manera pero con excepciones que no eran pocas en negocios donde no bajaban las cortinas sino hasta que empezara a salir el sol. Antes y entonces como hoy, el problema de la ingesta excesiva de alcohol ya era un problema grave en otros y en términos de seguridad pública. El 17 de mayo de 1998, justo un día antes de que dejara el cargo de gobernador sustituto, Morales llevó al Congreso Estatal una iniciativa de ley tendiente a regular el funcionamiento de establecimientos expendedores de bebidas alcohólicas. Precisó el objetivo de la iniciativa: “proteger y elevar los índices de salud de la población (porque) el sobregiro de establecimientos que se dedican a la venta y distribución de bebidas alcohólicas al mayoreo o al menudeo inducen y favorecen la ingesta inmoderada de este tipo de bebidas, propiciándose e incrementándose con ello cada día, además de la enfermedad llamada alcoholismo, todo un fenómeno social que repercute y afecta no sólo al seno familiar, sino también a la sociedad, debido a que el mayor número de delitos imprudenciales y dolosos que a diario se cometen dentro de nuestro Estado son ejecutados por personas que se encuentran bajo el influjo de bebidas embriagantes”. Sin embargo, esta ley nació muerta, creciente en realidad y no descendente el consumo de bebidas alcohólicas de las que, además, organismos de gobierno y organizaciones sociales calculan que el cincuenta por ciento son adulteradas. Datos duros: en tanto la asociación civil Pro Consumidores del Distrito Federal ha estimado que a nivel nacional unos 25 millones de botellas son adulteradas y no cumplen la normatividad referente al etiquetado, pues son producidas en destilerías clandestinas, eventualmente la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios ha advertido un aumento del 333% en las bebidas etílicas adulteradas, pasando de unos 90 mil litros decomisados en un año a cerca de 400 mil. Ello sólo en la Ciudad de México, mientras en Morelos hace décadas que a los meseros de los antros y/o restaurantes que llevan el “pomo” se les pregunta: “¿es auténtico o de Temixco?”. Y una más: a la par de la manga ancha en los horarios de antros, en Cuernavaca el alcoholímetro ha sido un tema recurrente pero imposible de implementar. Por eso pasa lo que sucede. Heridas a balazos y golpes doce personas ya cerca del amanecer del domingo pasado en el bar de la Plaza Marina de Vista Hermosa, la reacción del Ayuntamiento fue la típica de tapar el pozo después del niño ahogado. Restaurantero él mismo, el director de Turismo y Desarrollo Económico, Juan Pons Díaz de León, se limitó a informar que el negocio fue clausurado y multado, pero si nada mencionó de las “horas extras” lo explica la codicia de que las dichas horas significan ingresos considerables para el Ayuntamiento, en un marco de versiones reiteradas sobre corrupción de altos funcionarios y grupos de inspectores señalados por presunciones no desmentidas de corrupción mediante las “mordidas”. Escenario del ataque reciente a balazos, sobre la Plaza Marina pesa una especie de maldición, baleados ahí en marzo de 2016 dos guardas de seguridad privada por el hijo de una jueza, y asesinado a balazos el profesor de matemáticas de la Secundaria Federal Número Uno, Eduardo Reyna, por un sujeto solitario que le disparó en la espalda el 21 de noviembre del año pasado, no ciertamente en el interior del antro sino en la explanada cercana… (Me leen después).

Por: José Manuel Pérez Durán / [email protected]

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