El de 1994-98, en Morelos fue el cuatrienio del secuestro. Bandas del crimen organizado privaron de la libertad principalmente a empresarios, sobre todo en Cuernavaca y destacadamente en Cuautla, pero también en otros municipios como Yautepec. En la cada vez menos llamada Ciudad de los Balnearios, Carmen Genis, que tenía una agencia de viajes, se convirtió en la activista social que documentó docenas de casos de cuautlenses plagiados, la mayoría comerciantes. Rota la “regla” de que un secuestrado no volvería a serlo, hubo familias que sufrieron más de uno. Morelos fue tatuado con el estigma del secuestro, personas pudientes se fueron a vivir a entidades consideradas seguras, los secuestradores inhibieron las inversiones locales, ahuyentaron la llegada de capitales foráneos. El antes y el después de aquella época aciaga lo marcó una noticia que hasta la fecha los morelenses no olvidan: El mediodía del 28 de enero de 1998, Armando Martínez Salgado, el coordinador operativo de la Policía Judicial (PJ), estaba siendo asegurado por oficiales de la Policía Federal de Caminos en la autopista Cuernavaca-Iguala, cerca del poblado El Platanillo. Acompañado de tres agentes a sus órdenes, oculto en el reducido espacio entre la parte trasera del asiento y la lámina de la caseta llevaban el cadáver de un secuestrador llamado Jorge Nava Avilés y apodado “La Mole”. El cuerpo mostraba huellas de tortura, y los judiciales habían parado ahí para darle el clásico “carreterazo”. La Procuraduría General de la República los acusó de estar coludidos con bandas de secuestradores, así que fueron recluidos en el penal federal de máxima seguridad de Almoloya. Renunciaron el procurador de justicia, Carlos Peredo Merlo, y el director de la PJ, Jesús Miyazawa Álvarez, pero por sus influencias políticas no fueron encarcelados. Tres meses después, cayó de la gubernatura el priista Jorge Carrillo Olea. Sin embargo, el secuestro disminuyó pero no cesó del todo. Continuaron en los dos años del gobernador sustituto, Jorge Morales Barud, cuyo padre Jorge Morales Orañegui había sido secuestrado en dos ocasiones, una a mediados de los setenta por un comando de guerrilleros llegados del estado vecino, y otra por delincuentes comunes en los inicios de la década de los noventa. El decenio de los gobiernos panistas de Sergio Estrada Cajigal y Marco Antonio Adame tampoco se exentaron del secuestro y, frecuentes hoy día las detenciones y desmembramientos de bandas dedicadas al plagio de personas, aunque con mucho en menor número siguen ocurriendo. Morelos ya no carga con el estigma del secuestro, pero arrastra polvos de aquellos lodos. No obstante disminuido también el delito de extorsión, a la nuestra no quieren venir a trabajar profesionistas de áreas diversas. Recientemente nombrado delegado del Instituto Mexicano del Seguro Social, Víctor Manuel Vázquez Zárate declaró que esta institución está ofreciendo empleo a médicos especialistas, pero que “por lo que se difunde en los medios de comunicación no quieren venir a laborar”. Eso es una cosa,  y otra que en Morelos seguramente hay médicos capaces de cubrir esas plazas vacantes… A propósito de la era negra del secuestro, esta historia que coincide con el tema de este comentario y la fecha: Héctor Antonio Herrera Guzmán, “El Cubano”, lideró una de las bandas más peligrosas en el cuatrienio 1994-1998 que golpeó a Morelos. Escogía a puros ricos... y protagonizó una de las fugas más audaces que sucedieron en la desaparecida penitenciaría de Atlacomulco, limpia, sin violencia, utilizando el escondite de un coche (un “clavo”) que entró y salió para su reparación en el pequeño taller que había adentro de la cárcel. El 15 de septiembre de 1999, en pleno acto oficial de la entrega de boletas de libertad a reos bien portados, al mismo tiempo que el gobernador Jorge Morales presidía la ceremonia “El Cubano” salía de la prisión, oculto en un compartimiento exprofeso habilitado entre la cajuela y la parte posterior del asiento trasero de un Taurus. “El Cubano” había confesado que su hermano Hens, cuyo grado era sargento primero de la Policía Judicial Federal Militar hasta dos meses antes de incorporarse a la banda, y su amigo Socrates “N”, quien era el subdirector de la misma corporación, se encargaban de seleccionar a secuestrados en Morelos y Puebla. Detenido junto con su grupo la tarde del 16 de octubre de 1996 en el restaurante “Arroyo” de la Ciudad de México y llevados enseguida al Campo Militar Número Uno, tres días después fueron traídos al  penal de Cuernavaca… ME LEEN EL DOMINGO.

Atril
José Manuel Pérez Durán
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