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Tanta gente mala anda suelta, que los miedos de la gente buena se manifiestan en una especie de paranoia colectiva. Miércoles pasado en la colonia Lagunilla. Dos hombres y una mujer son sorprendidos por padres de familia de un kínder  tomándoles fotografías a los niños. Se les hacen sospechosos, los cuestionan sobre el motivo de su presencia, no les creen que estén ahí “esperando a un amigo”. Furiosos, los jalonean, los golpean, pero por fortuna la llegada de una patrulla del mando único evita el linchamiento... Fue algo parecido al incidente en septiembre de 2011 sucedió en el pueblo de Atlaholohaya. Padres de familia observan a una sesentona que merodea en la escuela. Se ponen en estado de alerta, hablan de mensajes anónimos amenazándolos con que se llevarán a sus hijos. Alguien deduce: la forastera es una roba chicos, así que la atrapan pero antes de entregarla a la policía le propinan una golpiza. Llevada a la Procuraduría General de Justicia junto con el Volkswagen con placas del Distrito Federal en el que se desplazaba, alega que estaba en la escuela para vender “productos de magia”… Agosto de 2010. Pobladores de Tetela del Volcán agarran a cuatro hombres y una mujer. Jóvenes los cinco, son atados al asta bandera del zocalito, los desnudan y prenden un círculo de fuego cerca de sus pies hasta que, aterrados, se  confiesan secuestradores...  Septiembre de 2013. En las afueras de Tlalnepantla unas sesenta mujeres incendian un antro porque ahí se habría incubado el asesinato de uno de los suyos. Acompañadas del síndico Cristóbal Trejo y la madre del hombre que pocos días antes había aparecido muerto, llegan a la cantina “La Aguacatera” para exigir que sea clausurada. Refieren el bar como escenario de riñas frecuentes entre parroquianos pasados de copas, causa de que sus maridos no les lleven el gasto, pues se lo beben, y lo peor, que ahí fue visto por última vez el lugareño que el día siguiente hallarían difunto. Incontenibles, rocían el lugar con gasolina y le prenden fuego. Si el entonces alcalde Fausto Rubio presenció o no la venganza mujeril, fue cosa que no les importó en este pueblo de Los Altos de Morelos. Dijo que regresaba de Cuernavaca cuando pasó por el sitio de la conflagración y todo ya había sucedido… Tlalnepantla venía de un polvorín. En septiembre de 2004 los lugareños festejan la Independencia y una turba enardecida de la Comisión de Barrios y Poblados irrumpe en la casa del ex alcalde Elías Osorio Torres. Golpean a su hija Bárbara Osorio Rayón, de 18 años. Encolerizado, fuera de control, el tumulto va por Elías, quien a esas horas de la noche del “grito” se encuentra ausente. También allanan el domicilio del presidente del PRI municipal, Ricardo Espíndola Banderas. Pocos, los efectivos de la Policía Preventiva Estatal ni siquiera intentan contener a la muchedumbre. La atmósfera de tensión escalaba desde la noche del 13 y la madrugada del 14 de enero de ese año, cuando agentes de las  policías Ministerial y Preventiva de Morelos recuperaron el Palacio Municipal para el grupo de Osorio y en medio de la balacera, los gritos y el incendio de una patrulla fue asesinado el comunero Gregorio Sánchez Mercado y responsabilizado de su muerte otro vecino, Benjamín Medina, que resulta inocente y seis meses después regresa a “Tlane”, en la víspera de las fiestas patrias… Junio de 2015. Cinco mujeres y cuatro hombres llegan a bordo de una camioneta a una huerta de aguacates en la colonia El Vigía, municipio de Tlalnepantla. Presurosos, empiezan a cargar el vehículo con costales de aguacate, los dueños de la huerta los descubren, telefonean a la policía y los ladrones son atrapados. Pero la multitud que en cuestión de minutos se había agolpado en la explanada de frente al Palacio Municipal amenaza lincharlos; están hartos de que frecuentemente les roben sus aguacates. Llegado de urgencia el fiscal de la zona oriente, se compromete a someter a proceso penal a los detenidos, y los “bárbaros” se conforman con quemar la camioneta. El grupo de rateros había llegado de Chalco y Tenango del Aire, estado de México… De linchamientos intentados o consumados ha habido muchos casos en Morelos. Aunque sucedió hace ya cuatro décadas, Temoac quedó estigmatizado como un pueblo que se hizo justicia por propia mano. Hasta hoy en la zona oriente se recuerda la atrocidad de los tres agentes de la Policía Judicial y un estudiante de derecho que la hacía de “madrina” y fueron quemados vivos en la entonces ayudantía perteneciente al municipio de Zacualpan… ME LEEN MAÑANA.

Por: José Manuel Pérez Durán / [email protected]