En el Jardín Juárez pusieron mesas y sombrillas. Al fondo se aprecian el kiosco y la banda de música tocando. Dos chicas que disfrutan las bebidas llevadas por un mesero de la refresquería suspenden la charla vana cuando son llamadas porque se les puede ir el camión. Es un autobús de la Flecha Roja con una señorita amable que hace de sobrecargo. Estacionado en la acera del Palacio de Cortés, visibles por segundos el Laurel de la India de enfrente y en el costado sur la estatua del Morelotes, al pasar el armatoste al lado de La Universal la cámara enfoca al fotógrafo que ofrece a los turistas la foto en el caballito apostado en la esquina oeste del Jardín de los Héroes, y al descender el camión azul por el boulevard Juárez enfila hacia el sur. Poco antes, el letrero en caracteres góticos de “Cuernavaca, 82 mil habitantes” había indicado la entrada a la Ciudad de la Eterna Primavera a los viajeros que animosos se dirigen al puerto de Acapulco. Lo harán siguiendo la ruta Taxco, por la carretera federal, obligada la parada en la población platera antes de continuar al puerto hasta llegar a la terminal ubicada en la avenida costera, muy cerca del Malecón. La película que ofrece postales de hace 56 años se llama “Vacaciones en Acapulco”, una historia cursi de amor con Antonio Aguilar, Ariadna Welter, Fernando Casanova, Rafael Bertrand, Mapita Cortés, Fernando Luján, Oscar Ortiz de Pinedo, Sonia Furió y otras estrellas de la época. Era el Cuernavaca de 1961, existentes ya las refresquerías del Jardín Juárez, el después extinto Laurel de la India del Palacio de Cortés y el Jardín de los Héroes, es decir, la actual Plaza de Armas. Bella la nuestra entre las ciudades más bonitas del planeta, envidiadas su clima y vegetación, lugar de residencia de famosos, referente de turismo mundial, relajada y sobre todo segura. Obligada la comparación, poco que ver con el Cuernavaca de hoy. Cerrado a fines de los setenta el circuito vehicular del Zócalo, desde entonces los carros dejaron de dar vueltas a aquel Jardín de los Héroes mientras el Juárez perdió el encanto de las serenatas de jueves y domingos. No ambulante sino semifijo, el comercio acabó apoderado del corazón de la ciudad y, extendidos los vendedores callejeros a gran parte del primer cuadro, paulatinamente el centro histórico se vino despoblando. Mucha es la gente que “huyó” del centro, convertidos los edificios de departamentos habitacionales en oficinas privadas y públicas, deshabitadas las casonas que ocuparon familias de apellidos famosos, rentadas o vendidas para comercios y despachos de servicios profesionales. Con esto tuvo que ver el convenio firmado en diciembre de 2013 por el Gobierno del Estado y el Ayuntamiento, para rehabilitar la Plaza de Armas “General Emiliano Zapata” y rescatar el centro Cuernavaca. De hecho, tres años después lo ha logrado no la Comuna, sino el Gobierno Estatal con las obras de la Plaza de Armas, las calles Guerrero, Rayón y más. El tema no es menor, advertidos en la nota del Diario datos precisos sobre tal despoblamiento: Estudios actualizados revelaron que el Centro Histórico está conformado por 101 hectáreas, que existen mil 434 viviendas de las cuales el 30 por ciento estaban deshabitadas. Del año 2010 para acá se ha registrado un despoblamiento del 36 por ciento, y de no cuidarse podría convertirse en un Tepito, como en el Distrito Federal. Incluido el Jardín Juárez, que es el más antiguo de Morelos y anualmente visitado por 600 mil turistas, el convenio citado preveía el mejoramiento de 17 mil metros cuadrados que poco a poco han venido viendo los cuenavacences… Y AL nuevo primer cuadro de Cuernavaca, que así resulta en algunas de sus partes en materia de obra pública, hay que añadir el Centro Cultural Teopanzolco. Moderno, funcional, elogiado por expertos su diseño arquitectónico, es totalmente distinto al viejo auditorio que databa de la década de los ochenta, un galerón con techo de láminas metálicas que finalmente cumplía su función, pues era lo que había… REVIVIÉNDOLE el asunto del presunto peculado por 25 millones de pesos que (el terminajo repetitivo es obligado) presuntamente habría cometido cuando en 2006-2009 fue alcalde de Cuautla, diciéndole que, tan el caso no ha prescrito, que continúa la investigación, Santa Clós le trajo a Sergio Valdespín Pérez un regalo inquietante, como acalambrador debe ser para el ex rector de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos, Alejandro Vera Jiménez y su esposa María Elena Ávila Guerrero la sola posibilidad de convertirse en prófugos de la ley porque les sean dictadas sendas órdenes de aprehensión… ME LEEN MAÑANA.

Por: José Manuel Pérez Durán

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