Pasa todo el tiempo, pero sobre todo cuando los gobiernos ya han cruzado el primer tercio de sus gestiones. Brincan, acuerdan, negocian antes de enrolarse en otro partido. En esas andan los diputados del Congreso Estatal Silvia Irra Marín y José Manuel Tablas Pimentel, aquélla del PVEM y éste recién ex panista de quienes se asegura esta semana se mudarán al PRD. Se hará así el sol azteca con once curules, la tercera parte de las treinta y tres, suficientes para cancelar la eventualidad de juicios políticos, rechazar a aprobar leyes y reformas constitucionales. En sentido opuesto se ve la conjunción de perredistas que se están aglutinando en el autodenominado Movimiento Nacional por la Esperanza, entre otros, el tepozteco Anastasio Solís Lezo y el dos veces alcalde de Yautepec, Agustín Alonso Mendoza, este último pretendiendo la candidatura a gobernador por el partido Movimiento Regeneración Nacional (Morena). Priista de origen vuelto perredista pero esencialmente hombre de izquierda, Alonso fue uno de los políticos del PRD local que en 2006 participó en el bloqueo de la avenida Reforma de la Ciudad de México al cual convocó Andrés Manuel López Obrador. Otros que en cambio no hace mucho tiempo hablaban mal del “Peje”, hoy coquetean con Morena. Alguno que era diputado por el PRD juzgaba: “se equivocó”. Y unos a los que también ha escuchado el columnista echar pestes contra el personaje, hoy dicen admirarlo. Repetían los que oían en la televisión: “Es un émulo de Hugo Chávez, de Nicolás Maduro”. Unos más se burlaban, reproducían los “memes” que lo ridiculizaban, se hacían eco de los comentaristas oficiosos. Cuando Felipe Calderón se robó la presidencia, festejaban la cantaleta panista de que en la democracia se pierde o se gana con un voto, y en diciembre de 2006 festinaban el inicio de la guerra pronto fallida contra el narcotráfico. Eran sus circunstancias y sus opiniones, respetables por el derecho inalienable al libre pensamiento de cada quien. Pero pasó el tiempo, para no ir más lejos las elecciones de 2012, después de las cuales varios candidatos perdedores a diputados y a alcaldes dijeron hacer cambiado de opinión, de repente, de un día para otro. Algún socarrón dijo sonriendo, haciéndose el “simpático”: “yo tenía una venda en los ojos”. Ahora ya no hablan mal de Andrés Manuel, lo llenan de halagos, lo colman de virtudes. Débiles como ven rumbo a las elecciones de 2018 a los partidos que los postularon o en los que por años han militado, en estos días los niegan como Judas negó a Cristo; se sabe que buscan contactos que los acerquen al nativo de Macuspana (semanas atrás el rector de la UAEM, Alejandro Vera Jiménez, habría hablado con él), y cuando no lo consiguen se reportan con el presidente del Comité Directivo Estatal de Morena, Miguel Lucía Espejo, o con el considerado candidato natural del mismo partido, Rabindranath Salazar. Otro fue el caso de los chapulines que saltaron el año pasado. Para los del PRI que apoyaron a candidatos de otros partidos los estatutos del tricolor prevén la amonestación privada o pública, la pérdida de derechos partidarios y hasta la expulsión. ¿Y qué? Se fueron pero nomás un ratito, calcularon mal en busca del “hueso” y, desparpajados, algunos regresarán para las elecciones de 2018 intentando candidaturas por el partido al que en los comicios de junio de 2015 le hicieron “fuchi”. En la lista de trapecistas que se dijo enviaría el presidente estatal del PRI, Rodolfo Becerril Straffon, a la Comisión de Justicia Partidaria estuvieron Neftalí Tajonar, ex alcalde; Roberto Arteaga, dirigente cenopista;  Everardo Villa, secretario de Gestión Social de la CNOP, y Héctor Almanza Esquivias, ex dirigente del Movimiento Territorial, los cuatro de Cuautla; Rosendo Barrera, secretario general del Movimiento Territorial; Celestino Carranza, presidente del comité seccional 139 de la colonia Otilio Montaño, y Óscar Armando Saucedo, dirigente transportista, así como Rodolfo Velázquez y Norma Malpica Herrera. No se encontraban, o si en el listado se hallaban no se supo, Jorge Meade González, Gustavo Petriciolli Morales y Víctor Rubio Herrera, que se fueron a la campaña del candidato perredista a la alcaldía citadina, Jorge Messeguer Guillén. Unos fracasados y otros exitosos hasta que les llega la hora, como Fernando Martínez Cué, de los más chapulines entre los chapulines, dos veces diputado panista, una candidato a gobernador por el PRD, “legislador”, síndico y candidato priista perdedor a diputado federal en la anterior elección... ME LEEN MAÑANA.

Por: José Manuel Pérez Durán / [email protected]

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