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Cuando el año de enfrente haya concluido, la ampliación del libramiento de la autopista habrá costado mil 50 millones de pesos. Esto según la inversión anunciada por el secretario de Comunicaciones y Transportes (SCT), Gerardo Ruiz Esparza, el 24 de enero de 2015 durante la ceremonia de inauguración del Distribuidor Vial Palmira, cuando aseguró que el ensanchamiento del libramiento sería terminado en un lapso de dieciocho meses que se cumplieron en junio pasado. Por eso la ambigüedad del “año próximo”, imprecisa hasta hoy la fecha de su finalización pues, si según el delegado de la SCT, José Luis Alarcón Ezeta, la sola  demolición del viejo para la construcción de un puente nuevo en la avenida Palmira llevará tres meses (igual que el de Chamilpa), ni por un milagro el pomposamente llamado Paso Exprés no quedaría listo en diciembre. Entonces  habrá costado la vida a docenas de personas, lo cual no tiene precio, y daños materiales cuantiosos por los accidentes de tránsito que en el atinado y popularmente bautizado como Paso de la Muerte han ocurrido e infortunadamente seguirán sucediendo, incluida la “chuza”  que el jueves de la semana anterior hizo el chofer de un tráiler con nueve vehículos. Mientras tanto, lo que llegará apenas sea cerrada al tráfico vehicular la avenida Palmira e inicie la construcción del puente, quien quita sin previo aviso como hizo la SCT la noche del lunes antepasado que ahí cerraron la circulación perjudicando a cientos de automovilistas. El calvario en Cuernavaca será así: ¿Y ahora por dónde le doy? Es lo mismo del Polvorín a Buena Vista, del Seguro de Plan de Ayala a Alta Vista. Desplazarse de sur a norte y del oeste al poniente es una monserga insoportable, extendida la anarquía como una alfombra de luces intermitentes más allá de la mancha urbana. Manejas y en una de esas ves a una gordita  a la que le hacen “casita” para que haga de la pipí. Tú tampoco aguantas: hace un buen rato que te hizo efecto la botella de litro y medio de agua. Por fortuna te falta poco para llegar a tu destino, dos cuadras solamente y estarás deslizándote en el libramiento. Pero de nueva cuenta calculaste mal; ahí las cosas están igual que en el resto de Cuernavaca. Dirás para tus adentros queriendo ironizar: la nuestra es una ciudad de primera; todos manejan en primera pues no pueden pasar a la segunda, coche a coche, pegadas las fasias hasta que por fin consigues llegar a tu casa. Ni te acuerdas de cerrar la camioneta. Corres al baño, y sólo después de que has vaciado la vejiga sentirás que el alma te vuelve al cuerpo. Pero eso sí: a nadie le perdonarás las dos horas que hiciste para poder estar en tu hogar, dulce hogar, ni a los policías de vialidad y mucho menos a los “genios” de la SCT… Sin embargo, después de tres meses de embotellamientos, y no precisamente etílicos, no se acabará la desgracia de Cuernavaca. Una vez terminado, el libramiento será más peligroso que antes. Era de cuatro carriles, dos de sur a norte y dos de norte a sur, y seis habrían sido suficientes pero a huevo metieron ocho, angostos, casi como para bicicletas solamente, de modo que en los rebases los tráileres y los autobuses pasan rosando a los vehículos de menor tamaño, o sean taxis, coches y camionetas particulares. No se necesita ser adivino para ver que los accidentes serán el pan de cada día en el Paso Mortal, y que andando el tiempo deberán eliminar dos carriles para dejarlo en seis de la anchura adecuada. Pero para entonces habrá costado miles de vidas. Lo cual le importa un pito al gobierno federal… La asociación de ideas: hubo un tiempo en que se le conoció como la fatídica curva de La Pera. Y había razones de sobra. Tiro por viaje cobraba vidas de automovilistas veloces, distraídos, inexpertos, audaces, borrachos o en su sano juicio. Los periódicos de la época dábamos cuenta de muertos y heridos en el peraltaje cerradísimo de la autopista México-Cuernavaca, tantos, que al cabo dejaron de ser noticia. En la carretera federal Cuernavaca-Cuautla la curva de La Escondida también era de respeto, volcados o chocados cientos al cabo de años, lo mismo familias a quienes la curva en forma de “ele” agarraba desprevenidas que parranderos trasnochados regresando de “La Huerta” y “El Aristos”, los lupanares que competían uno frente al otro en las proximidades de la colonia La Joya. El muerterío no cesó sino hasta que fueron corregidos los trazos de La Pera y La Escondida. Pero más peligroso será el Paso Exprés, rápido efectivamente, pero generando pasaportes al Más Allá. Para que conste, queda escrito… ME LEEN MAÑANA.

Por: José Manuel Pérez Durán / [email protected]