En el desayuno con Ramón Castro Castro, el miércoles 15 de marzo pasado, no estuvieron todos los que buscan la candidatura a gobernador ni los que fueron son todos los que son. Pretextaría dos semanas más tarde: “invité a los que aman a Morelos”. A los cuales mencioné aquí en estos términos: “Javier Bolaños Aguilar, el más mentado adentro y afuera del PAN; el también panista y legislador local Víctor Caballero Solano, uña y mugre del ex gobernador Marco Adame Castillo y por lo tanto el gallo del grupo La Sagrada Familia; el alcalde Cuauhtémoc Blanco Bravo, apenas afiliado el lunes anterior al Partido Encuentro Social, uno de los brazos electorales de su presunto protector, el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong; el rector de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos, Alejandro Vera Jiménez; el senador del partido Morena de Andrés Manuel López Obrador, Rabindranath Salazar Solorio, y el diputado federal priista Matías Nazario Morales”. ¿A los que no invitó no aman a Morelos? ¿Quién es el Obispo para juzgar quiénes sí y quiénes no queremos a Morelos? ¿Ama más él a esta tierra, cuya esencia desconoce porque aquí está no por decisión propia sino porque lo enviaron, que los que aquí nacieron o los que hace muchos años escogimos esta entidad para vivir la vida, crecer, trabajar y hacer familia? Para calificar a los que según él no aman a Morelos, Castro no es nadie. Pero ninguno de los demás que pretenden ser gobernador y no fueron convidados osó reclamarle: Fidel Demédesis Hidalgo, Juan Salgado Brito, Amado Orihuela Trejo, Jorge Meade Ocaranza, Guillermo del Valle Reyes, Marisela Sánchez Velázquez, Jorge Morales Barud, Agustín Alonso Mendoza, este último, de los más morelenses entre los morelenses. Y tal y tal, que además no son la totalidad. Está también el una vez diputado federal y en dos ocasiones local, Jaime Álvarez Cisneros, que hace precampaña para gobernador gestionando obra pública, como la rehabilitación de la calle Héroe de Nacozari en la colonia Teopanzolco de Cuernavaca; más y el presidente del PRD estatal, Rodrigo Gayosso Cepeda, a quien el hecho de ser hijo de crianza del gobernador Graco Ramírez no le quita el derecho político de aspirar al mismo relevo. Esto es una realidad, y otra las condiciones políticas que atraviesa nuestra entidad. Caso de la reforma a la Constitución morelense, que a los pretendientes aumentó de cinco a doce años de residencia en la tierra de Zapata para poder ser gobernador en 2018. Una disposición local a la que eventualmente revertiría la interposición de un recurso foráneo de inconstitucionalidad en la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Eso dicen los expertos, de manera particular en el caso de Cuauhtémoc Blanco, pero siempre y cuando dentro uno tuviera ya cinco años viviendo de modo permanente en Cuernavaca y no sólo cuatro, si el contrato de arrendamiento de una casa de sus entonces amigos, los Yáñez, precisa que ahí radicó a partir de 2014. Aunque obviando nombres, a este punto clave recién se refirió Rodrigo Gayosso. Luego de reunirse con diputados y representantes de trabajadores sindicalizados así como jubilados y pensionados de los poderes Legislativo, Judicial y Ejecutivo, afirmó que los actores políticos y abogados que han criticado la reforma “tienen intereses personales”; que lo que se hizo al disminuir el número de diputados fue atender a lo que marca la legislación federal. Sobre los años de residencia que se deben cumplir para ser gobernador, señaló que sólo se buscó defender los derechos de los morelenses. Conclusión: que el número de legisladores locales de elección directa siga en dieciocho porque no se ha realizado una redistritación es un elemento, y otro que en 2018 habrá ya no doce sino ocho plurinominales para un total de veintiséis en lugar de treinta integrantes de la próxima Legislatura. Calientito el comal del futurismo político y con más a partir del desayuno del Obispo en el restaurante pomadoso de la avenida San Diego con los seis gubernamentables seleccionados por él mismo, la parte central de la enmienda electoral fue políticamente interpretada como una con dedicatoria al ex futbolista profesional Cuauhtémoc. Una semana más tarde, el viernes anterior el dirigente de la diócesis de Cuernavaca repitió el “cónclave”, pero ahora ya no en un sitio público sino en la intimidad de la Catedral, y además no con todos los de la primera vez, ausente entre otros Javier Bolaños quien rechazó firmar un documento de apoyo al Obispo contra “las agresiones del Poder Ejecutivo”… ME LEEN MAÑANA.

Por: José Manuel Pérez Durán /  [email protected]

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